¿Triste, enojada o contenta? Por: Joyce Meyer

Dios nos ha dado todo para disfrutar de la vida, y es tiempo de que dejemos de estar tristes o enojadas y estemos alegres.
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Nuestra relación con Dios y la realidad de lo que significa ser una hija de Dios perdonada y querida debería darnos un gozo inimaginable, de modo que ¿por qué hay tantas personas que afirman ser cristianas que se ve tan tristes?

 

Creo que se debe a que no entienden la realidad de ser una nueva creación en Cristo y la herencia que es nuestra por medio de nuestra fe en Él.

 

Hasta que entendamos las increíbles cosas que Dios ha hecho por nosotros, siempre haremos obras para ganarnos y merecernos lo que Dios ya nos ha dado por su gracia como un regalo.

 

Siempre estaremos frustrados y defraudados porque incluso nuestros mejores esfuerzos para vivir una buena vida no nos darán una posición correcta delante de Dios. Nos sentiremos agotados, aplastados y quemados, y el resultado será una pérdida total del verdadero gozo.

 

Terminaremos enojados y tristes en lugar de estar contentos, tal como Dios desea que estemos. El salmista David habló con frecuencia de estar alegres; eso se debía a su perspectiva correcta de Dios y su relación íntima con Él.

 

En el Salmo 16:11 (RVR 1960) David dijo: “En tu presencia hay plenitud de gozo”. Obviamente, él no tenía temor a que Dios estuviese enojado con él, o no habría tenido gozo en su presencia. “Convertiste mi lamento en danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de fiesta” (Salmo 30:11).

 

Esta escritura describe lo que nuestra relación con Dios debería hacer por nosotros. ¿Estás contenta? ¿Tienes gozo la mayor parte del tiempo? En una escala de uno a diez, ¿cuál es tu nivel de gozo?

 

Después de ser cristiana y ministro por muchos años, tuve que responder yo misma a esas preguntas y me di cuenta de que estaba enojada y triste más de lo que estaba alegre. También sabía que tenía que cambiar.

 

Era una trabajadora muy dedicada y responsable, pero no disfrutaba plenamente de mucho de lo que hacía. Yo quería hacerlo, entonces ¿por qué no lo disfrutaba? Fueron necesarios algunos años para desempacar todo mi equipaje y llegar hasta la raíz de mi problema.

 

El equipaje son viejas suposiciones y conductas que inevitablemente aportamos a las nuevas relaciones. Yo llevaba equipaje de mi pasado a mi relación con Dave, y fue necesario mucho tiempo para que yo pudiera desempacarlo por completo, e incluso ahora a veces encuentro algo que está muy bien empacado y de lo que me he olvidado, y tengo que abordarlo.

 

Llevamos nuestro equipaje a las amistades, al matrimonio y a nuestra relación con Dios. Llevamos cosas de nuestro pasado, como temor, dolor, inseguridades, dudas, malentendidos, defensa y expectativas. Tenemos que desempacar nuestro equipaje.

 

A medida que comenzamos a confrontar problemas, dejaremos atrás tristeza y enojo, y experimentaremos nuevos niveles de alegría. El Salmo 100 nos dice que sirvamos al Señor con alegría, y creo que eso es lo menos que podemos hacer después de todo lo que Él ha hecho pos nosotros.

 

Tan solo cómo te sentirías si hicieras todo lo que pudieras para dar a tus hijos una vida estupenda y aun así ellos se negaran a estar alegres y a disfrutarla. Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para disfrutar de Él, para disfrutar de nosotros mismos y de la vida que Él nos ha dado, ¡y ya es tiempo de que dejemos de estar enojadas o tristes y estemos alegres!

 

―Tomado del libro "Dios no está enojado contigo", por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. (Usado con permiso de la revista Vida Cristiana www.vidacristiana.com).

 


07/07/14
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