Sierra mexicana florece en manzanos tarahumaras

Los misioneros penetran la barrera de aislamiento de los Tarahumaras e inician un proyecto para resolver su problema de desempleo y enormes carencias.
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Muy frecuentemente escuchamos la exhortación de “ir hasta los confines de la Tierra y predicar el Evangelio”. Pero, ¿dónde se encuentran tales lugares remotos, en México?

 

En la República Mexicana, con una extensión de casi 2 millones de kilómetros cuadrados y cruzada por tres magnas cordilleras, se encuentra la Sierra Tarahumara que es, sin duda, el lugar más inaccesible del país.

 

Ubicada al norte del territorio mexicano, en el estado de Chihuahua, la Sierra Tarahumara es parte de la Sierra Madre Occidental. Los tarahumaras viven careciendo hasta de los servicios más indispensables, como el agua potable o la luz eléctrica.

 

El pueblo Rarámuri, mejor conocido como Tarahumara, se establece (en el siglo XVII) entre las montañas de la Sierra para provechar la orografía como barrera geográfica y así resguardarse de los abusos que padecían por parte de ganaderos y agricultores que empezaron a apoderarse de las mejores tierras, obligando a los tarahumaras a internarse cada vez más en la sierra.

 

Al buscar el aislamiento entre las tierras altas (que pueden ir desde 700 hasta 2800 metros sobre el nivel del mar), también quedan ajenos al avance social y en condición de innumerables carencias.

 

Al conocer de tales necesidades, ocho años atrás, la organización civil Gloria al Padre (GAP, A.C.) inició un trabajo con los tarahumaras para llevarles servicios de salud a través de brigadas médicas y, poco a poco, han construido espacios para continuar ofreciendo ayuda a varias comunidades de la zona.

 

El hermetismo de la sociedad continúa hasta nuestros días y el gobierno federal respeta sus sistemas de auto-gobierno.

 

MISIONEROS TENDIENDO PUENTES

 

Es a través de esta ayuda que los grupos misioneros logran establecer puentes y relaciones con las comunidades rarámuris quienes, a la fecha, son consideradas una de las sociedades más cerradas a la intervención externa.

 

Tal es su hermetismo, que el gobierno federal ha optado por respetar su forma de gobernarse a través de un gobernador indígena (nombrado por elección cada tres años) y rigiéndose por los usos y costumbres.

 

Tras cinco años de trabajo y una vez aceptados en las comunidades, Gloria al Padre invitó a una pareja de jóvenes misioneros, (a quienes llamaremos Marcos y Susana para proteger su identidad), a comenzar con el cuidado espiritual de los tarahumaras para continuar la labor de los misioneros antecesores.

 

Después de tres años se empieza a dar la aceptación del Evangelio y las conversiones. Junto con el cambio espiritual, surge una nueva convicción entre la población. “Ya no podemos trabajar en algo que no agrada a Dios”, es la declaración que hacen los convertidos.

 

UNA ALTERNATIVA

 

Dada la situación de aislamiento los empleos para los hombres son escasos y, aprovechando esa situación, el narcotráfico se presenta ante ellos como la opción para resolver su problemática, iniciando cultivos de marihuana. Siendo una zona de difícil acceso y poco control gubernamental, los plantíos proliferan.

 

Al detectar el conflicto de los nuevos convertidos, los misioneros planean un proyecto que les abra opciones para resolver su problema de desempleo (evitando además que los varones dejen a sus familias al migrar a las ciudades de Cuauhtémoc y los estados aledaños para trabajar en la pisca de manzana) y que los aleje de la tentación de aceptar las propuestas de los cultivos ilegales.

 

Es así como ponen en marcha la plantación de huertos de manzano y a la fecha ya han plantado más de 2.500 árboles en las tres comunidades. La primera cosecha de los árboles plantados hace casi cuatro años, y que se piscará en tiempos próximos, se estima que será de una tonelada de fruto y, yendo un paso adelante, la pareja de misioneros está buscando opciones para la comercialización del producto.

 

APOYO DE IGLESIAS DEL PAÍS

 

El proyecto, que comenzó como una opción modesta, parece estar teniendo una proyección de mayores alcances gracias a la iniciativa de la familia misionera por extender la invitación a otras iglesias para “Donar un manzano a los Tarahumaras”. En el 2013 se unieron otras tres iglesias de Ciudad de México para brindar apoyo, respondiendo a la campaña para que cada creyente aportara 25 pesos mexicanos (algo más de 1,5 euros) para la compra de una nueva planta de manzano.

 

Marcos y Susana están abriendo posibilidades de cambio a los Tarahumaras, quienes no sólo están trabajando en una industria legal, sino que también están experimentando, después de cientos de años de aislamiento, la relación con gente de fuera que respeta sus costumbres, les muestra un amor en acción y los ha ido a buscar...hasta los confines de la tierra. Autores: Nuria G. Amáiz, Protestante Digital.  


11/05/13
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