Sanidad para la mujer abusada sexualmente

La sanidad puede ser, y es, tuya mujer. Este artículo escrito por J. Lee Grady es un instrumento para que lo logres.
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Las mujeres abusadas están plagadas de dudas sobre sí mismas y saturadas de acusaciones negativas. Por causa de la vergüenza, las mentiras son muchas:

 

“Usted merece ser abusada porque es una mala persona”.

 

“Él abusó de usted porque usted quería. Usted es responsable por su mal comportamiento”.

 

“Ahora que esto le sucedió a usted, ya no vale nada. Nunca más le ocurrirá nada bueno. Su vida está arruinada”.

 

“Dios ahora no la puede usar. Quedó marcada por siempre”.

 

Todas esas declaraciones son falsas, pero si usted creyó alguna de ellas, debe enfrentarla valientemente y aplicar la Palabra de Dios a su atormentada mente. Debe dejar de estar de acuerdo con las voces negativas en su mente y escoger creer en la verdad.

 

Una de las mentiras más comunes es que Dios no puede usarla porque usted fue abusada. Eso debería causar risa. Muchas mujeres que Dios está usando hoy día vienen de trasfondos abusivos.

 

Una de ellas es la maestra bíblica Joyce Meyer, cuyos libros y programas televisivos alcanzan personas de todo el mundo. Tal vez usted piense que Meyer es la mujer modelo del éxito porque predica ante grandes multitudes, vendió millones de libros y apoya un sinnúmero de causas benéficas en países pobres.

 

Pero tal vez usted no sepa que su padre abusó de ella durante quince años, y que su reacción a ese trauma fue el enojo, la rebelión y el odio hacia los hombres. Ella dejó su abusivo hogar a los dieciocho años para meterse en un matrimonio doloroso.

 

Ella y su primer marido se separaron veinte veces en cinco años y él la abandonó dos veces. Ella se vio obligada a vivir en un pequeño albergue (comiendo sándwiches de mortadela, pequeños pasteles y Pepsi, admite ella), hasta que su esposo finalmente la dejó. Pero aún así Dios tenía grandes planes para Meyer.

 

Luego terminó conociendo a Dave Meyer, un hombre cristiano con el que se casó en 1967. Nueve años después Dios le habló a ella y le dijo: “Vas a ir por todos lados a predicar mi Palabra”. Ella comenzó su ministerios de enseñanza bíblica en su iglesia en St. Louis, y 115 personas asistieron la primera vez.

 

Hoy, ella les enseña a millones de personas cómo librarse de la preocupación, la amargura, el conflicto y el egoísmo para que puedan experimentar la abundante vida de Cristo. En un momento de su vida, en su vergüenza y dolor, Meyer era como la mujer del pozo. Pero el poder transformador de Jesús cambió todo.

 

Lo mismo puede ser una realidad en su vida. Si usted fue abusada, aquí hay unos pasos que pueden ayudarle a encontrar la libertad del dolor del abuso:

 

1. Entréguese a Jesucristo. A Jesús le importan las mujeres. Durante su ministerio en la tierra Él las sanó, las defendió en público de acusaciones y afirmó a mujeres que eran marginadas. Algunos de sus seguidores más apasionados eran sus discípulas. Debe darse cuenta de que usted le importa a Jesús y que Él quiere sanar su dolor.

 

2, Deje de culparse a sí misma. Muchas mujeres que fueron abusadas sexualmente crecieron creyendo que ellas hicieron algo pecaminoso para recibir ese abuso. Las mujeres que fueron golpeadas o que sufrieron cualquier otro tipo de crueldad doméstica a veces oyen decir que eso nunca les hubiera sucedido si hubiesen sido “más sumisas”.

 

Estas son mentiras. Dios no le culpa por las acciones de otros. Renuncie a cualquier mentira que haya creído que dice que usted es la causa del comportamiento de otra persona.

 

3. Haga caso omiso a las voces negativas. El abuso puede desnudarnos de toda dignidad y autoestima. Muchas mujeres abusadas han sido sometidas al abuso verbal constante: se les dijo que eran feas, gordas, estúpidas, inservibles, y demás. Dios no piensa esas cosas de usted. Si usted llega a conocer al Señor, y a leer su Palabra, Él le cambiará la forma como se ve.

 

Deje de tocar esas grabaciones negativas en su mente una y otra vez, y comience a meditar en las palabras de las Escrituras. Crea lo que Dios dice de usted: Usted es amada, y es su preciada hija. Jesús pagó el máximo precio para redimirle porque usted es valiosa para Él. Él nunca la dejará ni la abandonará. Él la rescatará de sus enemigos. Él cambiará las cenizas por belleza y su lamento en alabanza

 

4. Perdone. No importa lo que le hayan hecho, usted debe perdonar a su abusador de corazón. No permita que el enojo, el resentimiento, ni la amargura le arruinen la vida. La falta de perdón es tóxica: Si usted permite que el enojo se arraigue dentro suyo, envenenará su emociones, alterará su personalidad, lastimará su cuerpo e infectará a la gente a su alrededor.

 

Suelte ahora mismo el dolor. Le invito a que haga esta oración: Padre, tú sabes que ________________ me lastimó. (Es importante que usted diga el nombre o los nombres en voz alta). Tú sabes que lo que me hizo no estuvo bien. Pero decido perdonarlo. Abandono todo deseo de querer verlo castigado.

 

Te pido, en cambio, que extiendas tu misericordia sobre él. No le des lo que se merece, sino que extiéndele tu mano y perdónale sus pecados, así como me perdonaste los míos. En el nombre de Jesús. Amén Tomado del libro "Las intrepidas hijas de la Biblia", por J. Lee Grady. Publicado por Casa Creación, usado con permiso de la revista Vida Cristiana. www.vidacristiana.com.

 


08/10/13
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