¿Qué necesita Dios resucitar en tu vida hoy?

“Lázaro, Ven Fuera” S. Juan 11: 43.
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(Autora: Beatriz Garrido).- Hace tan sólo unos días, el Señor nos concedió el privilegio de poder asistir al VIII Congreso Evangélico, y  celebración del 500 aniversario de la Reforma (en España).

A pesar del axfisiante calor de Madrid, los agobios, y todo lo demás, tengo que decir que han sido unos días muy especiales para mi. Días en los que aquello que me resulta tan añejo, en mucha ocasiones…  “Somos un pequeño pueblo muy feliz”, se me quedaba demasiado fuera de contexto.  
 
Pertenezco al Pueblo real, Nación santa…  Pueblo escogido por Dios para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable…. Soy hija del Rey de Reyes y Señor de Señores….. No cabe para mi en estos momentos esa vieja expresión que, tal vez tuvo su sentido en otros momentos.

Primeramente quiero agradecer a FEREDE, a todo el comité organizador y hasta la última persona que ha trabajado en este evento, no sólo el excelente trabajo, la espléndida infraestructura, la calidad de cada participación, el enorme impacto qué ha tenido; sino la tremenda bendición que ha supuesto para mi vida.

Realmente todo me ha encantado, pero hubo una participación  a cargo de Gary Wilkerson, que tocó de un modo muy intenso, las fibras más profundas del corazón.
 
Me estoy refiriendo a la noche en la que, tomando como base el pasaje bíblico que recoge el milagro de Jesús de la resurrección del hijo de la viuda de Naín, compartió intensamente una tremenda experiencia personal en su propia familia, para ir hacia todo lo que el Señor necesita resucitar en nuestras propias vidas.

No voy a repetir el mensaje, el tema familiar se trataba de uno de sus hijos que se fue apartando del Señor, hasta meterse en drogas de todo tipo y todas las connotaciones que llevan estos tremendos problemas.
 
Grandes, terribles y profundos problemas que el Señor, en toda Su misericordia y poder solucionó, no sin dejar por el camino un rastro profundo de dolor; pero un dolor que, como de costumbre, cuando el Señor soluciona, deja en su lugar una paz, un sentido de estar en las manos del Todopoderoso y un gozo profundo y seguridad dentro del alma.

Después de considerar y versar sobre todo esto, fue a la gran pregunta:  ¿QUÉ NECESITA EL SEÑOR RESUCITAR EN TU VIDA ESTA NOCHE?

Os aseguro que esas palabras tocaron mi alma de un modo más que poderoso y fueron como un aldabonazo que necesitaba escuchar.

Cada uno de nosotros, pero de manera muy especial, todos aquellos que llevamos muchos años, e incluso pertenecemos a generaciones de creyentes, necesitamos revisar y repetirnos a nosotros mismos, la pregunta que Gary Wilkerson hizo aquella bendita noche.

¡Sí! La salvación no es por obras, la justificación es por fe y por pura Gracia…. Pero en demasiadas ocasiones es fácil no resucitar delante del Señor, cada día de nuestra vida a Su lado.

De todos es bien conocido el Evangelio, las resurrecciones por parte de Jesús que recoge, pero hay algo común en todas ellas, de algún modo va implícita la palabra COMPASIÓN:

En el caso de la resurrección del hijo de la viuda de Naín, dice la Escritura directamente….  “Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo, no llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que la llevaban se detuvieron. Y dijo, joven, a ti digo, levántate”, Lucas 7: 13 – 14.

En el episodio en el que  ocurre la resurrección de la hija de Jairo, simplemente releyendo el pasaje bíblico nos volvemos a encontrar con detalles deliciosos.
 
Cuando la mujer enferma a causa del flujo de sangre durante doce años toca el manto de Jesús, y Él siente que sale poder  de si mismo, ella se echa a temblar al confesar que fue la que tocó el borde del manto. ¡Me encanta como le responde Jesús!…

“Hija, tu fe te ha hecho salva, ve en paz, y queda sana de tu azote” Marcos 5: 34.

Sigo entresacando el sentido y el sentimiento de compasión por parte del Maestro, cuando otro, quizá se hubiese molestado. Pero todo esto llega a su punto más álgido, cuando Jairo, en contra de todo y de todos va con desesperación a buscar la ayuda de Jesús.
 
Un Jesús que lo sabía todo, Dios hecho hombre. Me parecen impresionantes las palabras que le dice en su primer cruce de palabras y miradas….


“…. No temas, cree solamente” Mr. 5: 36.

Y sigo viendo la compasión de Jesús en medio de toda aquella incredulidad…

“…. La niña no esta muerta, sino duerme….. Y tomando la mano de la niña, le dijo…. Niña, a ti te digo, levántate” Mr 5: 39- 41.


El milagro de resurrección más impresionante para mi, es el de la resurrección de Lázaro. Allí entraban demasiadas connotaciones que no puedo pararme a considerar en estos momentos, como el testimonio impactante necesario, el trato con  Marta….
 
Pero sobre todo, el dolor del Maestro por su querido amigo, Sus lágrimas que no oculta, y hace que digan…”Mirad cuanto le amaba”. Y aquí ya me queda pequeña la compasión, lo paso al término AMOR, ¡AMOR!.

Después de muchos sucesos, vienen las tremendas palabras a gran voz… “… LÁZARO, VEN FUERA” Juan 11: 43.

Tanto en la noche en la que escuché aquella predicación, como en estos mismos momentos, puedo escuchar la voz de mi Señor preguntando de nuevo a mi alma:  “Hija mía, ¿que necesitas que yo resucite en ti en estos momentos?”

Y ni sé por donde comenzar, ¿el gozo interior?, ¿los ríos de agua viva dentro de mi ser?, ¿la capacidad de perdonar por completo?, ¿ el poder superar absolutamente y dejar atrás todo el dolor que pueda llevar dentro de mi?, ¿recuperar de un modo profundo mi primer amor?, ¿no perder jamás ni olvidar Su llamado, mi pasión, mi entrega..?, ¿el más ferviente deseo de serle fiel hasta el último de mis suspiros?....

Yo no sé que necesitas dejar que el Señor resucite en tu vida; pero sé muy bien todo aquello que tiene que resucitar en la mía.

Creo que la actitud correcta, es ponernos de rodillas ante su Majestad, pedirle perdón por haber dejado morir tantas cosas muy dentro de nosotros, morir a todo lo que no viene de Él, y permitir que resucite todo lo que tenga que resucitar, para que Su obra se cumpla en cada rincón de nuestras vidas, almas y corazones.

 

Os dejo con una preciosa canción de Aline Barros: “RESUCÍTAME” (Protestante Digital).

  

  


30/07/17
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