¿Por qué se intercambian regalos en Navidad?

Los medios de comunicación social le dan un sitio predominante al acto de regalar. Lo hacen porque el comercio y la industria necesitan cada vez más de la publicidad para vender.
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(Autor: Óscar Margenet).- El sabio Salomón da dos razones para explicar la humana costumbre de ‘dar regalos’: “Los regalos de un hombre le abren el camino que lleva a la presencia de los grandes (…)
 
La dádiva en secreto calma el enojo; el regalo discreto, la fuerte ira.” (01) De hecho, el acto de regalar abre camino a recibir reconocimiento de los demás, restablecer una relación dañada, sellar acuerdos (justos o injustos), aplacar justificados enojos, y tapar crueles abusos, entre otros fines. 

Como consecuencia, los medios de comunicación social le dan un sitio predominante al acto de regalar. Lo hacen porque el comercio y la industria necesitan cada vez más de la publicidad para vender. Y el denominado ‘cuarto poder’ cobra muy bien por su tarea.
 
A  pesar de mover muchos millones, a la inmensa mayoría de informadores actuales no les importa hartar con noticias de regalos que son sobornos y prebendas envueltos en vistosos papeles de colores. El relato de la posverdad presenta livianamente el delito y la mentira. Es evidente que intenta crear una nueva moral pública en la que se minimice la gravedad de la corrupción.

Los casos más conocidos son los pagados por poderosos que, para mantener en el podio a su marca registrada polucionan los medios. También están los que desmienten que hayan dado regalos como sobornos.
 
Hasta leemos de presidentes de naciones que terminan enviando a la cárcel a los fieles mediadores que usaron para entregar el regalo a la persona abusada, o asesinan al periodista que osó revelar la historia verdadera. Esto son los regalos de los medios. 


LA ACCIÓN DE REGALAR EN LA BIBLIA

El relato bíblico respeta el contexto cultural, histórico o geográfico. Muestra a personas que viven en culturas en las que se acostumbraba llevar presentes a la hora de encontrarse con alguien.
 
Fuese o no una persona conocida, entregarle un regalo era una señal de buena voluntad y buenas intenciones. Aunque no siempre ese buen inicio terminaba con felicidad para las partes. Estos son algunos ejemplos:


1. Dar regalos para conseguir esposa. 

La primera cita bíblica respecto de la costumbre de ‘dar regalos’ es la muy tierna historia que tiene al anciano Abraham como principal actor, enviando un hombre de confianza a su parentela en busca de una esposa para su hijo Isaac. Los regalos sirvieron para confirmar esta intención de un padre que busca cambiar la profunda tristeza que sufre un hijo por la muerte de su madre (Sara).
 
El final feliz de este primer relato, es la unión matrimonial de la bella Rebeca con Isaac. De uno de sus hijos, Jacob, saldrían las doce tribus del Israel y cobraría forma el Antiguo Pacto de Dios con el hombre (02). 

 
2. Dar regalos para dividir la familia. 

Tras morir Sara, Cetura se convirtió en esposa de Abraham, quien le dio seis hijos. Abraham tuvo concubinas y con ellas otros hijos. A los hijos de sus concubinas también envió regalos; pero, con el fin de separarlos de Isaac, a quien le dio todo lo que tenía (03).
 
Diferente historia había sido la de Agar e Ismael, a quienes Abraham separó de su familia sin darles regalo alguno, sino solo pan y un odre de agua (04). 


3. Dar regalos para evitar venganzas. 

Tras comprar la primogenitura de Esaú por un plato de guisado, y hacerse pasar por él para recibir la bendición de su moribundo padre, Jacob debe apelar a los regalos para calmar la ira por años acumulada en su hermano.
 
Esaú viene tras Jacob con mucha gente causándole un inmenso temor. Haciendo honor a su nombre Jacob se anticipa con una multitud de regalos para persuadir a Esaú; y pacta la paz con él (05). 


4. Dar regalos para compensar el honor mancillado.

Como contraste, los cuantiosos regalos ofrecidos a Jacob por el padre de Siquem a causa de que el joven extranjero se había enamorado de Dina, y abusado de ella, no sirvieron para calmar los ánimos de los ofendidos hermanos de la joven. Esta historia terminó en una verdadera carnicería humana (06). 


5. Dar regalos a causa de la desesperación.

El empleo de regalos en la antigüedad, como estamos viendo, cubría una amplia gama de situaciones. La desesperación también llevaba a entregar regalos. Es lo que ocurrió cuando los hermanos de José, sin saber que este gobernaba en todo Egipto, le visitan afligidos para pedir ayuda a causa del hambre que asolaba la tierra (07). 


6. Dar regalos a personas admiradas.

La reina Sabá y muchos reyes de la tierra, admirados por la sabiduría y fama alcanzada por Salomón, le regalaron fortunas inigualables. Y el rey correspondía con regalos personales (08). 


7. Dar regalos incentiva la ambición.

Al morir Josafat le sucede su hijo Joram como rey de Judá. A pesar de haber recibido el reino, y sus hermanos cuantiosos regalos, la ambición pudo más. Cuando asumió el reinado Joram tenía 32 años.
 
Lo primero que hizo fue matar a todos sus hermanos, quedarse con sus bienes y constituirse en único heredero de todo. A causa de su maldad, Jehová terminó con su reinado y su familia (le sobrevivió un solo hijo); y él murió de una horrible enfermedad tras reinar 8 años. Nadie lloró su muerte (09). 


8. Intercambiar regalos para celebrar la liberación.

En el reinado de Ester, ocurre una liberación milagrosa para los judíos. El rey Asuero, malignamente asesorado, había ordenado el exterminio de todos los judíos. Gracias a Mardoqueo y a Ester, Asuero cambia el decreto real y ordena la muerte de los enemigos del pueblo judío.
 
Aún hoy se celebra como el Purim, día de regocijo, el 14 de Adar,  que en 2019 corresponderá al 20 y 21 de marzo (10). 


9. Dar regalos para disfrazar la infidelidad.

Mientras hoy se multiplican los cristianos que viven imitando a los judíos, Dios le ordena al profeta Ezequiel - 600 años antes de Cristo - anunciar un terrible castigo a su pueblo rebelde y contumaz; gente sin memoria, acostumbrada a arrepentirse y recibir el perdón divino, que vuelve a pecar vez tras vez ofendiendo a Dios.
 
La comparación de Jerusalén con una prostituta que da regalos para atraer clientes es quizás la más clara descripción de la tremenda ofensa que es para Dios la consciente infidelidad (11). 


10. Dar regalos como gratitud. 

Como último recurso, el rey Nabucodonosor consulta a Daniel acerca del terrible sueño que lo conturbaba. El joven profeta le anuncia que el Dios del cielo es quien le había otorgado “reino, poder, fuerza y majestad” entregándole en sus manos todo el mundo habitado por “hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo” y “dominio sobre todo”.
 
Al finalizar su interpretación, la actitud del rey cambia totalmente; enseguida: “se postró sobre su rostro, se humilló ante Daniel, y mandó que le ofrecieran presentes e incienso. El rey habló a Daniel, y dijo: ‘Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, Señor de los reyes y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio’.
 
"Entonces el rey engrandeció a Daniel, le dio muchos honores y grandes dones, y lo hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia.” (12)

Este ejemplo muestra que la gratitud puede provenir de un poderoso hacia un servidor. 


11. Dar regalos con espíritu de adoración.

Los magos que venían de oriente hacia Belén, guiados por la estrella: “Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.” (13) 

Esta historia del nacimiento más celebrado de los últimos siglos revela algo que quizás falte en las fiestas anuales de Navidad: la adoración a Jesucristo. Sus presentes no eran carentes de significado profético para con el niño recién nacido de María.
 
El oro se asocia a la realeza; ellos llegaron a Jerusalén y preguntaron “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo.” (14) 

El incienso se asocia con el carácter divino de Cristo; pues en las religiones tanto judías como paganas se quemaba incienso en el acto de adoración (15).  

La mirra también es una sustancia aromática gomosa, que se recoge de la resina del árbol de la mirra. Según se dice, la mirra mezclada con vino era usada tanto como anestésico como para embalsamar a los muertos. Este regalo se interpreta como anticipo de la crucifixión y muerte que habría de padecer este niño, cuando llegase el tiempo fijado por Dios. 

Vemos entonces que los magos de Oriente adoraron al niño Jesús con oro, porque vieron en él al Rey de reyes y Señor de señores; con incienso, pues reconocieron su naturaleza divina; y con mirra, porque anticiparon que moriría como perfecto hombre.


12. Dar regalos negando a Dios.

En la visión apocalíptica que Juan recibe de parte de Jesucristo, aparecen dos seres llamados ‘testigos’ cuyas profecías aterrorizan a las gentes dadas a la buena vida y al rechazo de Dios. Cuando el tiempo de su labor toca a su fin, la bestia que habita el abismo se levanta y mata a los testigos.  
 
Los cadáveres son exhibidos en la gran plaza de la ciudad llamada ‘Sodoma y Egipto’, que no es otra que la Jerusalén terrenal donde Cristo fue crucificado. Leemos:

“Gentes de todo pueblo, tribu, lengua y nación verán sus cadáveres por tres días y medio y no permitirán que sean sepultados. Los habitantes de la tierra se regocijarán sobre ellos, se alegrarán y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra.” (16)
 
"La algarabía duró lo que la resaca que dejan los festejos, pues los profetas fueron resucitados y llevados al cielo delante de los ojos de esa gente. Y aquí no termina la visión escatológica. Dice el relato: 

“En aquella hora hubo un gran terremoto y la décima parte de la ciudad se derrumbó. Por el terremoto murieron siete mil hombres. Los demás se aterrorizaron y dieron gloria al Dios del cielo.” (17) 

Esta profecía aún por cumplirse advierte que gozar anticipadamente a espaldas de Dios silencia la conciencia, posterga el arrepentimiento y desata la justa ira divina. (ProtestanteDigital).

 


23/12/18
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