¡No puedo manejar esto solo! (sexo online)

Ser honesto con uno mismo y la “cobertura de personas de confianza”, primeros pasos para romper con la adicción sexual en internet.
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Madrid.-  Una “adicción privada”, como la pornografía, no deja de tener un efecto devastador en el entorno personal.

 

Como muestran algunos datos, el consumo de sexo online es prácticamente invisible pero acaba impactando gravemente en familias, iglesias y el lugar de trabajo.

 

Así que, si uno está atrapado, ¿por dónde empezar? Marcos Zapata, terapeuta familiar y pastor evangélico, da algunas claves. 

 

“No es fácil hacer una confesión de adicción sexual, cualquiera que sea su manifestación”. Pero los primeros pasos deben ser claros, cree Zapata, y empiezan por ser honesto. Una primera pregunta puede ser: ¿Es más importante parecer libre o ser verdaderamente libre? 

 

Una vez comprendido que se trata ir a la raíz del problema (y no sólo de mantener las apariencias o una reputación), el segundo paso consiste en aprender a confiar en otros.

 

“Puedo manejar esto sólo”, es una actitud que en la lucha contra cualquier adicción acaba llevando al fracaso. “Debemos traer al conocimiento de personas en las que confiamos lo que realmente está sucediendo en nuestras vidas”, personas que “te acepten y te amen a la luz de tu adicción”.

 

SIN ARREPENTIMIENTO NO HAY CAMBIOS 

 

Otra etapa” imprescindible” es “la confesión y el arrepentimiento”. Zapata aconseja a todos, pero muy especialmente a los líderes cristianos en una situación de adicción, que “rompan el secreto de su lucha a través de la continua cobertura de otros. La presencia de gente a la cual mantienes informada ayuda a romper todas las racionalizaciones que hayas utilizado para mantener viva tu adicción”.

 

En este sentido, reflexionaba el activista y teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer, en su libro Vida en Comunidad: “Un hombre que confiesa sus pecados en la presencia de un hermano (o hermana) sabe que ya no estará solo consigo mismo; experimenta la presencia de Dios en la realidad de la otra persona. Mientras vaya por mi propia cuenta en la confesión de mis pecados, todo quedará en la oscuridad, pero en la presencia de un hermano, el pecado tiene que ser traído a la luz”.

 

RECLAMAR LA VOLUNTAD PROPIA 

 

Cuando se haya pasado el proceso de reconocer el problema, explicarlo a personas de confianza y tener un profundo deseo de cambio, el siguiente paso es reafirmar la voluntad. “El adicto tiene que reclamar a Dios la voluntad que Él le ha dado. Esta es la habilidad de tomar decisiones para bien o para mal. No importa cuán débil sea, la voluntad siempre está allí”.

 

El pastor evangélico pone énfasis en la necesidad de incluir a Dios en el proceso, pero matiza concretamente sobre las oraciones pidiendo una liberación:

 

“No niego las fuerzas demoníacas que están involucradas en la adicción sexual. Sin embargo, la oración por liberación no quita la responsabilidad personal, esto es, la propia voluntad de uno para tomar decisiones para bien o para mal. No quita la capacidad de ser adicto”.

 

Y pone como ejemplo las propias palabras de Jesús, que se refiere a “los malos espíritus que regresan a la casa barrida y limpiada, y nuestra postrera condición volviéndose peor que la primera”.

 

Conforme la persona se distancia de la pornografía, surge un nuevo reto: encarar lo que uno puede encontrar dentro de sí mismo. “Mientras los hábitos adictivos y patrones comienzan a romperse, muchas de los aspectos de raíz empiezan a salir a flote”.

 

Aquí Zapata plantea que son “necesarios momentos de quietud, oración de escucha, cobertura, cuidado pastoral, consejería, y grupos de apoyo. Uno debe reclamar su propio corazón, no cambiar de lugar lo que hay en él con distracciones”.

 

REAPRENDER A RELACIONARSE 

 

¿Y qué hay del impacto hecho en otras personas? “Deberás reaprender a relacionarte de forma nueva con aquellos a los que amas. Aprenderás a ver desde una perspectiva no sexual, y que la intimidad no equivale a sexo”.

 

Este proceso de volver a construir relaciones debe tener en cuenta siempre que la persona con la adicción no es la única víctima. En el caso de los casados, por ejemplo, “el cónyuge también es afectado por el pecado”.

 

“Un cónyuge no puede sólo enfocar su atención sobre el adicto o sobre el tipo de adicción. Un cónyuge también necesita apoyo personal. La confianza ha sido violada y ambas partes necesitan diferentes tipos de apoyo”. De hecho, “el cónyuge no deberá ser la fuente principal o única de cobertura para el adicto”.

 

DIFERENCIAS EN LA CONDUCTA 

 

Ante esto, ¿cuáles son las diferencias entre una actitud sexual habitual y los comportamientos que apuntan a una adicción? De forma sencilla pero ilustrativa, algunas de las diferencias son las siguientes:

 

¿SATISFACCIÓN EN DIOS? 

 

Varios de los libros sobre el auge del consumo de pornografía online hablan de la necesidad de conseguir una satisfacción personal en un nivel más profundo que el sexual. ¿Puede hablarse de un vínculo de lo espiritual con la adicción sexual?  Zapata cree que sí. “El abordaje pastoral que se quede sólo a nivel de apoyo fraternal, acompañamiento, rendición de cuentas, y que obvie el aspecto espiritual, nunca alcanzará totalmente la sanidad integral del hombre”.

 

“Jesús es el único que puede verdaderamente liberarnos de este cuerpo de pecado y de corrupción. Reconocer esto es el principio de la recuperación. La libertad nos llega inevitablemente como gracia”.

 

Hay dos alternativas para un cristiano, opina Zapata. “Uno puede pelear contra este ‘monstruo interno’ odiándose, o uno puede empezar a ver esta área de ruptura y daño en su vida como un lugar que necesita desesperadamente la presencia de Dios”. Buscar esta presencia empieza por "escuchar, más en estos casos, es obedecer”.

 

Finalmente, el desengancharse del consumo de pornografía u otras formas de consumo de sexo es una cuestión muy relacionada con el concepto bíblico de idolatría. Cambiar la mirada fijada en un ídolo para ponerla en Dios no es algo fácil. “El verdadero amor es una decisión difícil”, concluye Zapata, “en la que penosamente nos alejamos de amores menores (ídolos), hacia Jesucristo”.

Fuentes: Joel Forster, Protestante Digital. 


19/10/12
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