Mursi, de demócrata a faraón en seis meses

Un decreto hace inapelables ante cualquier órgano sus resoluciones, lo que de facto le convierte en nuevo dictador del país.
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Uno de los símbolos de la primavera árabe, la plaza Tahrir de El Cairo, ha vuelto a encenderse en cólera y enfrentamientos tras la proclamación del presidente Mohamed Mursi de que sus decisiones sean “inapelables” hasta que entre en vigor la nueva Constitución. 

 

La medida, anunciada ayer por el primer presidente de la democracia en Egipto, pone al país en sus manos, sin que los órganos judiciales se le opongan ni tampoco la cámara Baja, que fue disuelta por el Tribunal Constitucional el pasado mes de junio, dos días antes de las elecciones.

 

La declaración constitucional de Mursi ha tenido reacciones inmediatas en una población que regresa al "kilómetro cero" de la revolución para denunciar la deriva autoritaria del sucesor de Hosni Mubarak. 

 

DISTURBIOS EN TODO EL PAÍS 

 

Los manifestantes tomaron el céntrico cruce de caminos en un viernes bautizado como "Los ojos de la revolución", en honor a las decenas de egipcios que perdieron parte de la vista en los duros enfrentamientos con la policía que se han sucedido desde el triunfo de la revolución en febrero de 2011.

 

Mientras, los partidarios de los Hermanos Musulmanes -la poderosa organización islamista a la que pertenece el "rais"- se reunían en los aledaños de uno de los palacios presidenciales en señal de apoyo al jefe del Estado.  Las citas opuestas y paralelas mostraban la cruda polarización que vive el país más poblado del mundo árabe.

 

De repente, esa división se hizo palpable en forma de fuego. Varias sedes de los Hermanos Musulmanes fueron incendiadas al mediodía por los manifestantes, según la televisión pública egipcia.

 

Las llamas hicieron mella en los locales de Libertad y Justicia, el partido de los Hermanos Musulmanes. Varias de estas sedes en Alejandría, la segunda ciudad del país y bastión de las formaciones islamistas, fueron atacadas por los manifestantes. Y han sido incendiadas otras tres sedes de su brazo político en Suez, Ismailiya y Port Said, al norte de El Cairo.

 

El causante del malestar ha sido el propio presidente, Mohamed Mursi, quien hoy, tras cumplir con el rezo en una mezquita de El Cairo, ha declarado: “Si Dios quiere seguiremos adelante y nadie se interpondrá en nuestro camino”. “Cumplo mi deber de satisfacer a Dios y la nación y tomo las decisiones después de consultar con todos”,  ha asegurado antes de recalcar que la victoria “no llegará sin un plan claro”. “Y eso es lo que yo tengo”, ha agregado.

 

Además, en su polémico anuncio, Mursi ordenó el cese del actual fiscal general, Abdelmeguid Mahmud, y su reemplazo por Talat Ibrahim, en virtud de una nueva ley que fija en cuatro años el tiempo máximo para desempeñar este cargo.

 

 

PREOCUPACIÓN INTERNACIONAL 

 

Desde el exterior, de momento no se han escuchado críticas desde las principales cancillerías internacionales. Sin embargo, la comisionada de la ONU para los Derechos Humanos en boca de una portavoz ha dicho estar “muy preocupada” por la deriva que puede tener esta medida.

 

A pesar de que la figura de Mursi ha salido fortalecida por la tregua entre Israel y Hamás, la opinión pública sigue atenta la evolución de Egipto, el país donde la primavera árabe despertó más atención y donde más de cerca se sigue la evolución política tras la caída de Mubarak.

 

CONTRADICCIONES 

 

“Juro por Dios, que es grande, preservar con lealtad el sistema republicano, respetar la Constitución y la ley, tener en consideración los intereses del pueblo de manera total y preservar la independencia de la patria, su integridad y su territorio”. Eran las palabras de Mursi a finales de junio de 2012, tras salir victorioso en las elecciones con un 51,7% de apoyo.

 

Entonces el candidato apoyado por los Hermanos Musulmanes – que renunció a la militancia tras el triunfo electoral dijo que respetaba “el Tribunal Constitucional y sus fallos” para contribuir a la construcción de una democracia estable.

 

“Desempeñaré mi papel para garantizar la independencia de estos dos poderes y del ejecutivo”, afirmó entonces. Sólo han sido necesarios cinco meses para que el demócrata se haya convertido en nuevo faraón.  Fuentes: El País, El Mundo, ABC, lainformacion.com, Protestante Digital.  


24/11/12
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