Los excéntricos charlatanes del Evangelio

La teología de la prosperidad es inmoral y atenta contra el espíritu de todo lo que es sagrado.
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(Autor: José Hutler).- Finales de mayo. El famoso predicador estadounidense Jesse Duplantis sorprendió al mundo con un llamamiento a sus seguidores: Dios le había prometido algo grande, nada menos que un avión privado.
 
No cualquier avión, porque ya tenía tres, sino un Dassault Falcon 7X de tres turbinas por el módico precio de 54 millones de dólares. Eso sí, el avión gastaba menos queroseno que los otros que tenía antes, por lo cual se ahorraba dinero y combustible.
  

Incluso los rotativos españoles se hicieron eco del tema. “El País” titulaba un artículo del 31 de mayo: “Un telepredicador pide 54 millones de dólares a sus fieles para un avión de lujo.” Y como subtítulo cita a Duplantis: “Dios quiere que lo tenga”.

 

Duplantis además tiene otro argumento de peso para su megalomanía: “Sinceramente creo que si Jesús estuviera físicamente en la tierra hoy, no montaría en un asno. Estaría en un avión predicando el evangelio volando en todo el mundo.”

 

Eso sí, no volando ni siquiera en clase business, sino teniendo su propio Falcon 7X. Porque claro: las colas de espera, la gente que vuela en masas y las huelgas, le hacen la vida imposible a cualquiera que recorre el mundo en los negocios del Señor. 

 

Voy a ser justo con Duplantis: no es el primero que tuvo la feliz idea de tener un avión privado para poder llegar al último rincón de la tierra de forma cómoda - siempre que una suculenta ofrenda de los feligreses locales le esperase allí.

 

Antes de él, Kenneth Copeland se hizo con un Gulfstream V por 36 millones de dólares. Y sus colegas Benny Hinn, Creflo Dólar [sic] y otros tantos también se mueven por el mundo en aviones privados.

  

También hay razones espirituales de peso para disponer de su propio avión privado, siendo evangelista en la parroquia mundial. Nos lo explican Copeland y Duplantis en un video que no tiene pérdida:

  

  

Las compañías no te permiten hablar con Dios en voz alta en un avión comercial. Además, estos aviones están llenos de demonios (no se refiere a turistas borrachos que yo sepa). Copeland y Dupantis son demasiado famosos y la gente tiene la mala costumbre de pedirles oración continuamente, nos explican.

 

Además, un jet privado te permite llegar a los destinos más alejados en menos tiempo. Desconozco si Copeland, Duplantis, Hinn y compañía ya se han puesto en la lista de espera para el nuevo jet supersónico Spike's S-512, listo para el 2020.

 

Los 100 millones de dólares que cuesta este juguete no deberían ser un impedimento de peso, ya que permitiría llegar a los destinos con una reducción del 50% sobre un Gulfstream V. Los feligreses lo entenderán. 

 

 

UN USO INMORAL DEL EVANGELIO

  

El problema no es el avión privado, ni el dinero que cuesta siempre que quien lo paga lo haga con su propio dinero, sino más bien el hecho de tergiversar e instrumentalizar el evangelio para sacar de sus incondicionales una pasta gansa en el nombre del Señor. No es ilegal. Pero es inmoral y atenta contra el espíritu de todo lo que es sagrado.

 

Cada uno puede hacer con su dinero lo que le da la gana: quemarlo, apoyar un partido político o hacer una transferencia a Jesse Duplantis. Lo que molesta es que charlatanes profesionales usen el evangelio para sus negocios y que una buena parte del evangelicalismo mundial encima los considera héroes de la fe.

 

Y el truco que usan para recaudar sus fondos tiene que ver con una de las aberraciones más repugnantes de todas las herejías: la así llamada “teología de la prosperidad”. 

  

Reducido a una frase, la teología de la prosperidad significa: “Entrégame tu dinero a mí, que soy ungido del Señor, y el Señor a cambio te va a bendecir con más dinero de lo que me has entregado.” Esto en versión original se lee así, por ejemplo de la boca de Cash [sic] Luna:

  

"A Jesús no le molesta qué lo traicionen o lo nieguen, sino que ofrenden mal.” 

 

Joyce Meyer nos enseña: “El Señor últimamente me ha mostrado que podemos bendecir o maldecir la semilla económica que sembramos (…) Deberíamos regar nuestros donativos con el agua de su Palabra y esperar una cosecha abundante.

 

Siembra tu semilla y pronuncia versículos bíblicos de prosperidad sobre tus finanzas (en “Your Mouth is a Weapon,” Life in the Word, marzo 1997, p.4).

  

Un clásico de Benny Hinn es la frase: “Estoy cansado de escuchar de las calles de oro [en la Jerusalén celestial]. No quiero oro en el cielo. Lo quiero ahora.” (Citado en “Christianity in Crisis” de Henk Hanegraaff, p.31, Thomas Nelson, 2009).

 

Podríamos hablar de César Castellanos (“Si tú quieres ser pobre está bien, pero Dios me llamó a ser rico”), Jonás Gonzales (“Siembra una semilla y pacta (paga) para que todos tus problemas se resuelvan. Tu deuda está tu semilla, no ofendas a Dios”) y muchos otros. Pero no pongo más citas para no aburrir.

 

Frente a esos genios del evangelio uno se queda con una sola pregunta: Y ¿por qué Jesús y los apóstoles fracasaron tan estrepitosamente? Porque lo que llama más la atención es que ellos no conocieron este tipo de evangelio mercantil.

 

Más bien, Pablo avisó en 1 Timoteo 6:5 - hablando de los falsos maestros de su propio tiempo - “hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad que toman la piedad como fuente de ganancia.”

  

La palabra que Pablo usa aquí para piedad es eusebeía y habla de la profesión de la fe cristiana. Obviamente ya en los tiempos de los apóstoles había personas que se dieron cuenta que el evangelio puede servir de herramienta para lucrarse económicamente.

 

Van en la tradición de Balaam que era simplemente un profeta de alquiler que se vendió al mejor postor y que ve la continuación de su ministerio particular en Simón el Mago que ofrece dinero para recibir al Espíritu Santo.

 

Obviamente, Simón pensaba que tal inversión daría excelentes rendimientos a medio y largo plazo. Seguramente no se esperaba la respuesta brusca y poco diplomática del apóstol Pedro que le manda a freír espárragos.

  

En esta categoría del evangelio mercantil caben sin lugar a duda no solamente algunos de los telepredicadores más famosos, sino también personajes más modestos en el mundo evangélico que hacen sus negocios “espirituales” con proyectos inexistentes o inflados que una vez presentados a las iglesias y sus círculo de adeptos, les garantizan una fuente de ingresos nada despreciable aunque los proyectos nunca se materialicen.

  

Ni Pablo, ni Pedro, ni el Maestro mismo sabían de barcos llenos de demonios que no te dejaban viajar tranquilo, ni tampoco se molestaban porque la gente los reconocía y pedían oración. Y un barco normal y corriente romano era suficiente para que llegasen en el momento oportuno al lugar donde ejercían sus ministerios.

  

También es cierto que los charlatanes no tendrían éxito si no fuera por la credulidad y la incultura bíblica de millones de adeptos - la mayoría de ellos por cierto de procedencia más bien humilde, económicamente hablando.

 

Por lo visto, los Neymar, Ronaldo y Messi son simplemente la versión secular de predicadores estrellas, pagados y mantenidos por millones de adeptos que los están idolatrando pagando sus cuentas suculentas. Por lo menos, los futbolistas saben de fútbol y meten sus goles, mientras Duplantis y compañía saben del evangelio tanto como mi abuela de fútbol.

  

El consejo del apóstol en 1 Timoteo 6, por cierto, es tan escueto como sencillo: “Apártate de los tales.” Así ahorras dinero y disgustos. (Fuente: Protestante Digital).

 


22/07/18
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