"Los besos que nunca te di": Dante Gebel

Al final de la vida, nunca te vas a arrepentir por los besos que diste y sí por los dejaste de dar, por los que no tuviste valor de pedir o simplemente la audacia de robarlo.
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Es una pena que los hombres muchas veces no se den cuenta que un beso para ellas puede ser el inicio o el fin de una relación. Un romántico termómetro. Muchas dicen: “Solo espero que no bese mal” y creen que el futuro esposo puede desvanecerse ante un beso mal dado.

 

A ellas les encanta besar, es como recordar que el amor está vivo. Para muchos es un acto más en el infinito juego del amor. Besan como locos cuando la conocen, no importa si tienen 20, 40 o 60 años.

 

El inicio de toda relación viene acompañado de besos cinematográficos. Pero con el pasar del tiempo y una vez conquistada la "presa", parece que los besos no son tan importantes, “No es necesario demostrar tanto amor” dicen.

 

“No exageres”, “En público ni pensarlo, eso era cuando éramos novios…” Y los besos de cine se transforman en besos y con el tiempo en “piquitos de cariño”.

 

Ella suele dormirse con el recuerdo de los besos de cuando eran novios, aquellos que le hacían arder los labios y se reía con el corazón, como solamente los que aman saben hacerlo. El tiempo pasa y los besos también.

 

Se vuelven anticuados y lo raro es que no dicen que es cosa de viejos, sino todo lo contrario: “No seas loca, eso es cosa de jóvenes, ya no somos adolescentes!”. Por increíble que parezca se olvidan de besar y no se dan cuenta que también olvidan decir “te amo”, “te quiero”, “te necesito”, el complemento ideal de todo buen beso.

 

¿Te acordás cuando él te besaba y sentías que levantabas una pie del piso? Era un reflejo natural e inconsciente del momento, como cerrar los ojos o abrazar. ¿Qué beso bien dado no viene acompañado de un cálido abrazo y ojos cerrados?

 

Aquel que te esconde debajo de tu protector, del hombre que te cuida y que en ese momento es el elegido. Pero también cuántos besos desperdiciados y estériles con personas que no valían la pena, que sabías de antemano que no terminarían en nada...

 

Al final de la vida, nunca te vas a arrepentir por los besos que diste y sí por los dejaste de dar, por los que no tuviste valor de pedir o simplemente la audacia de robarlo. Nunca vas a arrepentirte por haber dicho mil veces te amo, pero si vas a sufrir por aquella ocasión que no lo dijiste ni siquiera una vez. Nunca diste aquel beso porque no te animaste ¿y si ella resultaba ser la mujer de tu vida?...buena pregunta para un viernes lluvioso.

 

Imaginate que un día suena el teléfono y ocurriera esta inverosímil conversación.

- Hola, por favor con (…) 

- Si. Habla ella ¿Con quién hablo?

- ¿Que tal? no te debes acordar de mi, soy (…) yo estaba enamoradísimo de vos ¿Te acordás?

- Pero eso fue hace más de veintitantos años! - …exactamente hace 29 años.

- ¿Y...por qué se te ocurrió llamarme?

- ¿Sos feliz?

- No entiendo la pregunta…

- Pregunté si sos feliz.

- No se qué decirte…que se yo...esto es muy extraño!

- Bien. Me gustaría besarte.

- ¿Cómo?

- Si, lo que escuchaste, me gustaría darte aquel beso que no me animé hace casi 30 años. ¿Crees que todavía sea posible?

 

Posiblemente ella le dice que no, o le pregunta si está loco, borracho, consume drogas o directamente le corta el teléfono de cuajo. Pero es demasiado tarde y él no le puede explicar que hace casi treinta años que la ama y nunca la pudo olvidar. ¿Cómo decirle que aquel beso que nunca le dio, le hizo falta durante toda su vida?.

 

“Ese beso que nunca di, es el que mas extraño”, piensa él, mientras cuelga el teléfono, aunque ni siquiera sepa a qué saben los labios de quien ha amado en silencio por décadas. Se que la historia parece sacada de una película, pero de sólo pensarlo, sentimos pena por el hombre que nunca se animó.

 

Posiblemente es demasiado tarde y a menos que ella esté tan loca como él, las posibilidades de retomar aquel beso inconcluso es una en un millón. Por eso es que insisto tanto, a pesar que algunos me critiquen sin piedad: Jugate, pelea por lo que amas, háblale, decile que la amas, que te morís por ella, mándale flores, cartas, e-mails, mensajes de texto, dedícale canciones románticas y ponete de rodillas para pedirle que sea la mamá de tus futuros hijos.

 

Dios te hizo hombre y naciste equipado con el valor suficiente para expresar lo que hay en tu corazón. Sos varón de nacimiento, pero caballero por opción.

 

Si con todo eso no logras conquistar su corazón, no te sientas deprimido ni subestimado; pero ten por seguro que sos un HOMBRE de los que ya no abundan, vas a hacer muy feliz a una mujer que realmente te merezca, y por si todo eso fuese poco, el Señor te usará en grande, porque ni siquiera el cielo puede darse el lujo de desperdiciar ese tipo de hombres que están dispuestos a todo, sin temor al ridículo y sin miedo al “qué dirán”.

 

Y a propósito de la historia que les conté…me gusta pensar que tal vez ella esté tan loca de amor como él, y en algún momento retomen aquel capítulo inconcluso. Tal vez nunca es demasiado tarde para escribir un gran final cinematográfico. (Adaptado de un texto de Marcelo Puglia, uruguayo, periodista, escritor y autor de nueve libros publicados en toda América Latina).

 


01/11/13
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