¿La verdad ha muerto?

Cuando el diablo miente, dijo Jesús, está hablando en su lengua materna. Como seres humanos caídos que somos, también es la nuestra. Mentir es algo universal.
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Autor: Jeff Fountain.- La semana pasada, la portada de la revista TIME preguntaba “¿La verdad ha muerto?” con grandes letras rojas sobre un fondo negro, una copia directa de la famosa frase “¿Dios ha muerto?”, de la portada que apareció el 8 de abril de 1966.

Me acuerdo de ver por primera vez esa portada cuando era adolescente en una tienda de libros mientras iba a la escuela en bicicleta. Era la primera vez que TIME usaba una portada sin ninguna foto.
 
Las dos portadas, con 50 años de diferencia, obviamente están interrelacionadas de forma intrínseca. Una le sigue a la otra.

La portada de la semana pasada presentaba una entrevista con el titular de la Casa Blanca después de que el FBI declarara que no había ninguna prueba sobre las afirmaciones del presidente acerca de que su predecesor le había pinchado el teléfono.
 
El artículo de la portada exploraba cómo el 45º presidente había llevado a la Oficina Oval un conjunto de diferentes suposiciones sobre el comportamiento adecuado de un funcionario público.
 
Como empresario, había escrito alabando a la falacia estratégica, o como él prefería llamarla, a la “hipérbole veraz”. La verdad puede ser real, pero la falacia normalmente ha funcionado mejor.

Mentir en la Casa Blanca no es nada nuevo, por supuesto. En la época de Reagan, alguien dijo sarcásticamente: “George Washington no podía mentir. Richard Nixon no podía decir la verdad. Y el presidente actual de la Casa Blanca no sabe distinguir las diferencias.”
 
¿Y cómo olvidar el juicio de destitución del presidente, descrito por un compañero demócrata como ‘un buen mentiroso poco habitual’ y al que se relacionará para siempre con el nombre de Monica Lewinsky?

De hecho, mentir es tan antiguo como la primera tentación de Adán y Eva. Cuando el diablo miente, dice Jesús, está hablando en su lengua materna. Como seres humanos caídos que somos, también es la nuestra. Mentir es algo universal. Nosotros también hemos asesinado a la verdad en cierta medida. 


POSVERDAD

El año pasado parece haber sido un momento decisivo. La elección de ‘posverdad’ del Diccionario Oxford como palabra internacional del año reflejó un aumento de 20 veces del término en 2016 ‘en el contexto del referéndum de la UE en el Reino Unido y las elecciones presidenciales de los Estados Unidos’.
 
El término describió una situación ‘en la que los hechos objetivos influyen menos que la apelación a las emociones’.

Los brexiters exageraron el coste de la membresía en la UE al ciudadano británico promedio aportando cifras de casi el doble, por ejemplo. El argumento subsiguiente sobre la cantidad correcta sirvió para centrar el resentimiento de si los ciudadanos estaban pagando algo.
 
La Gran Mentira sobre las tasas de la UE, lo que podría revertirse de otra forma al Servicio Nacional de Salud escrito con letras grandes en los autobuses rojos, fue una reminiscencia de la Gran Mentira que formaba parte de la táctica de Hitler, la cual decía que una gran falacia repetida una y otra vez es más efectiva que una pequeña. 

Previendo nuestra era posmoderna y de posverdad, el ministro de la propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, argumentó que “no hablamos para decir algo, sino para obtener un efecto concreto”. Son de esperar siempre estas frases de los nazis y comunistas. Que se haya popularizado en nuestras democracias “liberales” occidentales debería dar que pensar.

Eso es lo que hace que la portada más reciente de TIME sea tan oportuna. La moralidad se ha invertido. Cuando mentir se convierte en algo que se acepta en vez de condenarse, se vuelve necesaria. Si es la vía para ganar, no estás haciendo bien tu trabajo si te niegas a mentir. Vivir la mentira sustituye a vivir en la verdad.


LA VERDAD PREVALECE

Vaclav Havel, el dramaturgo disidente checo que se convirtió en presidente, se rebeló contra el establecimiento llamando a la gente a que vivieran en la verdad y no en la mentira donde quiera que estuvieran, lo cual se recoge en su ensayo de 1978 The Power of the Powerless (el poder de los impotentes).
 
Ese llamado que “provocó un revuelo” llevó finalmente al derrocamiento del comunismo en su país. Su lema presidencial, “la verdad prevalece”, venía del reformador checo del siglo XV Jan Hus, quien escribió su famoso Rule of Seven (Regla de Siete):
 
Por lo tanto, fieles cristianos, buscad la verdad, escuchad la verdad, conoced la verdad, amad la verdad, hablad verdad, adheríos a la verdad, defendedla hasta la muerte, pues la verdad os hará libres.

Aleksandr Solzhenitsyn, otro disidente de la era soviética que supo ver a través de la falacia de vivir la mentira, declaró en su discurso del Premio Nobel: Una palabra verdadera pesa más que el mundo entero.

Os Guiness cita ambas voces en su libro Time for Truth (Baker, 2000), sobre las graves consecuencias que tiene la muerte de la verdad objetiva sobre las civilizaciones occidentales y la libertad. La verdad tiene importancia absoluta, escribe. 

La verdad está lejos de la muerte, sostiene él; está sana y salva, y en un sentido de gran importancia, es innegable. Si la verdad es verdad, entonces las diferencias marcan una diferencia, no solo entre verdad y mentiras, sino entre intimidad y aislamiento, armonía y conflicto, fiabilidad y fraude, confianza y sospecha, libertad y tiranía, entre la vida y la muerte. 

Al final, sin verdad no hay libertad. La verdad es libertad. La única vía hacia una vida libre radica en convertirse en una persona que habla verdad y que aprende a vivir en la verdad. ‘La verdad no consiste en saber la verdad’, escribió Søren Kierkegaard, ‘sino en ser la verdad.’


Jeff Fountain es el director del Centro Schuman de Estudios Europeos, y habla de temas a los que se enfrentan los cristianos en Europa actualmente. Escribe en Weekly Word (Evangelical Focus, Protestante Digital).

 


19/04/17
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