La enfermedad mental no hace "menos cristiano"

Luego del suicidio del hijo del pastor Rick Warren, Samuel Rodríguez (NCHL) cree que la tragedia supone “una obligación” para la comunidad cristiana de un compromiso con la pastoral de las personas con enfermedad mental.
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La tragedia de Matthew, de 27 años de edad, el menor de los tres hijos del pastor Rick Warren que se quitó la vida tras una lucha de toda la vida con una enfermedad mental “exige un compromiso por parte de los cristianos a ayudar a crear un espacio para y atender a las personas con enfermedades mentales”, ha dicho Samuel Rodríguez, presidente de la Conferencia Nacional de Líderes Hispanos de EE.UU.

 

Cree Rodríguez que la iglesia que sigue a Jesús debe colaborar con profesionales de la medicina y la psicología, llamando la atención sobre la "enfermedad silenciosa” que es la enfermedad mental, y que existe “dentro y fuera de la iglesia”, debiendo aportar como creyentes a quienes la sufren “la gracia, la compasión y el amor de Dios."

 

PABLO MARTÍNEZ VILA: LA ENFERMEDAD MENTAL Y EL SUICIDIO 

 

En la línea de estas ideas de Samuel Rodríguez hemos consultado al Dr. Pablo Martínez Vila, reconocido psiquiatra que ejerce en Barcelona (España), y que reúne en su persona el ser un líder cristiano comprometido. Es ex Presidente de la Alianza Evangélica Española (1999-2009) y miembro actual de la Comisión Sociopolítica de la Alianza Evangélica Europea. Director del European Christian Counselors Network (Red Europea de Consejeros Cristianos), escritor y conferenciante internacional.

 

El suicidio de Matthew Warren se ha producido en el seno de una enfermedad mental, y que según nos informa el periodista Wolfgang Streich se trataba de la conocida como trastorno bipolar, que produce cuadros de euforia alternando con otros de profunda depresión.

 

En relación al trastorno bipolar, nos expresa el Dr. Martínez Vila que es “una enfermedad orgánica, relacionada con una alteración de lo que podríamos llamar el "metabolismo" del cerebro”. Es decir, al igual que otras partes del cuerpo, “el cerebro tiene un funcionamiento bioquímico que depende del equilibrio adecuado entre diversas sustancias (los neurotransmisores).

 

Cuando este equilibrio bioquímico se altera da lugar a diversas enfermedades mentales, una de las cuales es el trastorno bipolar. El origen de la enfermedad no es espiritual, aunque como es lógico puede tener consecuencias espirituales porque el ser humano es una unidad donde todas las partes –cuerpo, mente y espíritu- se interrelacionan”.

 

Una cuestión a mitad de camino entre la medicina y la fe es el hecho de que la Biblia condena el suicidio. Nadie mejor que Martínez Vila para opinar sobre si este principio debe aplicarse siempre a todas las situaciones.

 

Él expresa como psiquiatra que “cuando una persona se suicida bajo los efectos de una enfermedad mental, como es el trastorno bipolar, la voluntad y los pensamientos están muy ofuscados por la enfermedad. Hay una distorsión profunda de la percepción de la realidad, como nos recuerdan algunos casos de depresión en la Biblia (Moisés, Elías) en que incluso aparece el primer grado de la ideación suicida (“Señor, quítame la vida...”).

 

"En los casos más graves, esta distorsión puede ser delirante, el enfermo imagina cosas que sólo existen en su mente”. Por tanto, concluye, “podemos decir que no hay plena conciencia de lo que se hace. Es un acto que el paciente no realizaría nunca en condiciones normales, fuera del episodio de enfermedad. Prueba de ello es que cuando una persona así (con enfermedad mental) comete un acto penal –por ejemplo, una agresión o incluso un homicidio- la justicia humana atenúa o incluso anula la imputabilidad (responsabilidad) del paciente en estas circunstancias”.

 

“Cuanto menor es la conciencia (ofuscada por el episodio de enfermedad), menor es su responsabilidad. Si un juez humano tiene esto en cuenta, ¡cuánto más nuestro Dios que es el juez perfecto! Esta realidad aporta mucho consuelo y esperanza a los que han perdido a un ser querido en estas circunstancias”, concluye el psiquiatra y líder evangélico.

 

Otra cosa distinta, reflexiona, es la persona que con frialdad, en plenas facultades mentales, decide quitarse la vida. En esta situación, muy distinta a la anterior, es cuando se debe aplicar el principio de que “el suicidio es condenado en la Biblia porque es un acto que encierra en sí mismo la esencia del pecado: yo soy el dueño de mi vida, nadie por encima de mí me ha de decir cómo vivir , ni cuánto tiempo. La gravedad del suicidio radica ahí, en esta autonomía absoluta que lleva al hombre a hacerse dios decidiendo sobre algo que corresponde sólo al Creador de la vida”.

 

Finalmente, como psiquiatra, pastor y autor de un libro sobre el duelo (Más allá del dolor), Martínez Vila expresa que “la muerte de un hijo es la forma de duelo más dura que existe. Si encima esta muerte es por suicidio, el dolor es devastador y el duelo muy intenso y probablemente muy largo”. En el caso de Warren, está seguro que “alivia mucho saber que Dios es el Justo, el Padre cuya misericordia es tan grande que le llevó a entregar a su propio Hijo para darnos la vida.

 

Contemplar la cruz de Cristo con todo lo que nos revela sobre el carácter de Dios, sobre nuestra frágil condición humana y sobre la esperanza que tenemos en Cielos nuevos y Tierra nueva es el mejor bálsamo para mitigar el lacerante dolor. En una situación así, las palabras sobran y el silencio habla muy alto. Lo que sí hace falta es acompañar, estar al lado de, y dolerse juntos como familia en la carne y como familia espiritual”.

 

UNA TRAGEDIA Y UNA OPORTUNIDAD

 

Tras lo ocurrido, expresa Samuel Rodríguez que "esta tragedia es una oportunidad, incluso una obligación, para la comunidad cristiana de hacer frente a la enfermedad mental", dijo Rodríguez al conocer la trágica noticia. "La lucha de los cristianos ante la depresión e incluso pensamientos suicidas no te hace menos cristiano. Al igual que las enfermedades del corazón o el cáncer eso no diluye nuestro cristianismo, tampoco la enfermedad mental".

 

Por ello, afirma Rodríguez, "debemos estar comprometidos para crear espacios y proveer ministerios de ayuda a quienes luchan con la depresión y otras enfermedades mentales". Fuentes: The Christian Post, Protestante Digital.  


09/04/13
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