Kendrick Lamar: Dios, el éxito y las corbatas

“Dios puso algo en mi corazón y me voy a concentrar en eso, usando mi voz como instrumento”.
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Se llama Kendrick Lamar. Su aparición en el mundo del rap dicen que ha sido la tabla de salvación de un estilo en decadencia.

Pocos de sus practicantes parecen ya comprometidos con lo que los latinos llamaron “art gratia artis” (el arte por el arte). Hay muchos intereses en juego, como en todo negocio. Nadie es puro.

Se ve a si mismo como narrador de historias, más que mascullador de ellas. O sea, rapero.

John Jannick, CEO de Interscope, el sello con el publica desde el 2012, dice de él que “tira de la cultura hacia sí, no la refleja”. Sería maravilloso que se explicase un poco más.

Un introvertido con un trabajo basado en la extroversión.

No se pasa con la bebida, no fuma hierba, se casó con su novia del instituto.

Cuenta que pasó la mayor parte de su infancia en las calles y que se siente “un favorito” de Dios. Confiesa haberse sentido maltrado por la policía “todo el tiempo”.

 

Seguro que exagera, es raro que en EEUU la policía aún se pase con los negros. O que los negros se pasen con la policía. Hay blancos que sentimos rechazo hacia sintagmas como “la gente de color”.

Es el mayor de cuatro hermanos. Nació en Compton (Los Angeles, California) adonde llegaron sus padres huyendo de la violencia del sur de Chicago. (Siguen las exageraciones).

Recuerda que, con ocho años, su familia vivía de cupones de comida y que tenían problemas para pagar el alquiler. Cree que estamos viviendo los últimos días de la humanidad. “Está escrito”, dice.

Kendrick Lamar: “Dios puso algo en mi corazón y me voy a concentrar en eso, usando mi voz como instrumento”.

Usa las intros de sus temas para advertir al oyente de la necesidad de volverse hacia El.

En Halloween del 2014 manifestó que no quería disfrazarse de un montruo que asustase, ni idolatrar a otro artista o a un ser humano. Se “vistió” de Jesucristo: barba postiza, túnica blanca, cayado.

 

“Para mi es el Maestro en cuya luz intento caminar, pero no solo con las ropas sino con mi vida diaria. Es difícil pero lo intento.”

En sus canciones es frecuente la idea de que el horror de la violencia y la degradación humana solo pueden ser atemperadas por la gracia procedente de un poder superior.

 

En “Jesus saves” agradece a Dios por haberle librado de la depravación que arrastró a sus compañeros, pese a ser tan pecador como ellos. “No sé por qué El me sigue bendiciendo” es un verso que repite una y otra vez. Es algo que suelen hacer los raperos, repetir versos.

No obstante, ha declarado que no considera que sólo lo santo tenga que ser el ámbito de su competencia como artista. De hecho, cuenta historias de personajes que llevan vida poco santas.

En 2003 anunció que se había bautizado, dando las gracias a su mentor espiritual desde un escenario. Nunca ha manifestado en público su filiación con un movimiento o iglesia en particular.

Ningún otro artista de rap ha tenido tantos ingresos en el último año editando tan poca música y revelando tan poco sobre si mismo.

Durante la última Marcha del Millón de Hombres en Washington DC (que nació en 1996 para reivindicar los derechos de la minoría negra) uno de los lemas más coreados procedía del tema “Alright” de Kendrick Lamar.

Obtuvo el Grammy al Mejor Album Rap de 2016 por To Pimp a Butterfly, su tercer largo. Al recogerlo dio las gracias a Dios, a su mujer y a sus padres (los suyos, de sus suegros no dijo nada).

Kendrick Lamar dice palabras gruesas en sus canciones. A Kendrick Lamar no le importa que To Pimp a Butterfly lleve una pegatina de aviso parental.

No es un músico cristiano al uso, al menos no uno de los que se dirigen claramente al mercado cristiano y han de cumplir con todos los modos y maneras que el aficionado medio de este ámbito aguarda de ellos.

Kendrick Lamar permite que su credibilidad como autor cristiano se vea mermada por el uso del típico vocabulario de rapero.

El rapero cristiano Lecrae, que no incluye palabras gruesas en sus parrafadas, dice de él: “es una cuestión de si está o no anunciando cosas santas en su música y de cuál es su motivación. Para el cristiano medio hay ciertos matices culturales que son aceptables y otros que no. Y creo que para ellos, Kendrick no está en esa línea”.

 

Lo cierto es que si sus concesiones a lo secular (por explicarlo de alguna manera) lo alejan de las audiencias cristianas, sus manifestaciones cristianas pueden ser un handicap en un entorno secularizado”.

“He pasado por todo / juicios y tribulaciones, pero conozco a Dios”. “Satanás quiere vestirme una corbata / oro para que no se seque el agua santa” (Kendrick Lamar en “i”, el penúltimo corte de To Pimp A Butterfly)

Usar una corbata como metáfora de los males del infierno es algo propio de un rapero de pura sangre.

Kendrick Lamar desconfía de la fama. Es consciente del poder que tiene para guiar hacia la salvación y sufre el estrés de mantenerse cada día en el camino correcto. (Como intentamos hacer los demás, aunque aliviados del peso de la fama).

Su último trabajo, Untitled unmastered lo componen nueve cortes sin titular procedentes de las sesiones del anterior.

El disco obtuvo buenas críticas. La prestigiosa web Pitchfork le dio un 8'6. Es que afinan mucho. La gente de Pitchfork calificó a Kendrick como una “renuente figura mesiánica” a la vez que reconoce a Dios y a su sello Top Dwag como “sus jefes”.

En untitled 01, dice el redactor de Pitchfork, Kendrick Lamar “viste los ropajes del siervo de Dios”. Se convirtió por mediación de la abuela de un amigo, en el parking de un Food4Less (una cadena de supermercados económicos).

“Para muchos de mis fans soy lo más parecido a un predicador que tienen”. Kendrick Lamar. (Autor: Manuel Pérez Lourido/Protestante Digital).

 

 

 





02/07/16
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