"Fui cómplice de muchas muertes inocentes"

Ex-enfermera de Planned Parendhood narra cómo despedazaban a los fetos dentro del vientre de las madres para practicar abortos.
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Patricia Sandoval es una ex enfermera en una clínica abortista de Planned Parendhood, en California (EEUU).

 

En una entrevista realizada en Dynamis Radio explica su experiencia personal, cómo dejó este trabajo al comprobar la trágica realidad del aborto.

Sandoval está visitando España con la invitación de la organización evangélica Aesvida, enfocada en la defensa de la vida y la ayuda a mujeres que han pasado por la experiencia del aborto.


DENTRO DE PLANNED PARENTHOOD

“Fui cómplice de muchas muertes inocentes trabajando en una clínica de aborto”, explica Sandoval en una entrevista realizada por Susana Macías, directora de Aesvida.

 

Ella había abortado siendo muy joven, unas acciones a las que en su momento no dio demasiada importancia. Más tarde, comenzó a trabajar en una clínica de la multinacional abortista como parte del personal médico.

 

Allí descubrió la realidad acerca del aborto, la manipulación con la que tratan a las mujeres que vienen embarazadas y cómo contabilizan las partes del cuerpo de los bebés.

“Cuando yo empecé a trabajar estaba feliz, yo creía que el aborto era el derecho de la mujer y quería ayudar a las mujeres”, recuerda.

 

Pero “ya desde el primer día de mi trabajo me di cuenta que empezaron a manipularme y entrenándome a cambiar mi vocabulario: jamás puedes usar la palabra bebé, él, ella, mamá o papá… (…) nunca vayas a dejar que una mujer vea la pantalla (ecografía)”.

La enfermera cuenta que el día que tuvo que asistir a la primera mujer se dio cuenta de la realidad. El doctor introdujo una máquina de succión en el útero de la madre, veintiocho veces más potente que una aspiradora casera; y en la punta, una especie de navaja de mucho filo.

 

Por cinco minutos, según nos relata, el doctor no paraba de moverla de un lado a otro, sin ver nada y cortando por dentro y aspirando, “era como si estuvieran violando a esa chica”.

Realmente es “una cirugía a ciegas”, y los datos “revelan que veinte millones de mujeres mueren cada año en el mundo después de un aborto”, afirma Sandoval.


UNA EXPERIENCIA IMPACTANTE

“Como el doctor no podía ver si había salido todo, ese era mi trabajo”, recuerda Patricia.  “Él calculaba el aborto por el tiempo, cinco minutos; yo cogía la bolsa con toda la sangre y lo volcamos en un recipiente de vidrio; la enfermera que me entrenaba sacó unas pinzas, las metió dentro del recipiente, y a la luz aparece un brazo con una manita...

 

"Empezamos a sacar primero una mano extendida, y dijo: esa es parte número uno, se necesitan cinco partes del bebé para verificarle al doctor que el aborto fue exitoso”.

Cuando alza ese brazo a la luz, afirma Patricia, “es como si Dios paró los tiempos para mí para ver todos los detalles, miré las uñas, miré a las líneas de la palma, miré que éste bebé tenía huellas en sus dedos … y lo tiré a la basura”, nos sigue contando...

 

“Pero cuando alzó la cabeza, fue tan doloroso porque tenía su cabello, sus ojos, tenía sus cejas, pestañas, su nariz y la boca abierta como si éste bebé gritó por su vida; pero no tenía voz, no se pudo defender... este bebé de tres meses de gestación sintió cada arranque de su cuerpo y en ese momento me dije: yo asesiné a mis tres hijos… esto no es una bolsa de células”.


DEPRESIÓN Y CULPA

Sandoval dejó el trabajo un mes después. “Me salí de esa clínica y caí en una profunda depresión y me sentí totalmente como una basura… y caí tan fuerte en la droga que perdí todo”, recuerda.

Para ella, las víctimas del aborto no son solamente los niños no nacidos o las madres que lo practican, sino también los médicos y enfermeras que “necesitan bloquear sus sentidos, sus sentimientos, para hacer estas operaciones”.


“ENCONTRÉ A DIOS Y SU PERDÓN”

La enfermera cuenta que en momentos personales muy difíciles conoció a Dios. “Un día me quedé tirada en la calle, sin nada, lloraba y lloraba, y por primera vez yo sentí a Dios Padre en mi corazón.

 

"Comencé a hablar con Dios… y le dije, te quiero pedir perdón y yo me puse en posición fetal y lloraba entre mis piernas como una niña pequeña y de repente, sentí que alguien me abrazó y cuando yo abrí mis ojos era una joven, me mira a los ojos y me dice: Jesús te ama, yo soy camarera en aquel restaurante y Dios me dijo: ve a esa jovencita que está tirada y drogada, y dile que yo la amo”.

A partir de ahí la vida de Patricia cambió. Participó en un retiro postaborto y logró salir de las terribles secuelas psicológicas que le había provocado.

Ahora Sandoval da conferencias por todo el mundo para contar su experiencia y de esta forma inspirar a otros en la lucha por la vida y una sexualidad saludable.

Pueden ver la entrevista en DynamisRadio a continuación: (TRVida, Dynamis Radio, Protestante Digital).

 

 

 


07/04/16
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