¿Estamos pescando en el lugar correcto?

Nuestro comportamiento debe ser como lo que somos, hijos de Dios, hijos del Rey de reyes.
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“Debemos ser pescadores de hombres, no guardianes del acuario.” Mike Francen

“La evangelización del mundo no consiste en traer todo el mundo a Cristo, sino en llevar y ofrecer a Cristo a todo el mundo”. Norman R. Lewis

Conozco a alguien a quien le encanta pescar. Después de haberse puesto todo su traje, sus botas, su atuendo de pescador, y poner en orden todo su equipo; se apoya en la parte de atrás de su coche, y comienza a observar el río durante unos cuantos minutos reposados.

Si ve que no salta ningún pez, dice una frase que me parece acertadísima: “No tiene el menor sentido pescar donde no hay peces”. ¡Me parece realmente fantástico y del más precioso sentido común!

Llevo demasiado tiempo pensando en algo que no puedo sacar de mi mente, ¿estamos realmente pescando almas en el lugar correcto?

En una ocasión, una iglesia organizó un buen evento para evangelizar, la clave de todo el asunto consistía en que cada persona llevara a un amigo no creyente. Un hombre, un hombre bueno y de relevancia en la iglesia comento entre susurros a alguien… Es que yo no tengo ningún amigo no creyente. Todo esto me da pena y dolor ¡demasiado dolor!

¿Recordáis al Señor Jesús cuando estaba en esta tierra, como trataba todo este tema? Le llamaban amigo de publicanos y pecadores, compartió mesa con Leví y sus amigos, pasó la noche en casa de Zaqueo, dejó que la mujer del vaso de alabastro quebrara aquella hermosura y la derramara sobre Sus pies con sus cabellos.

No se molestó por permitir que saliera poder de Él cuando la mujer enferma toco el borde de su manto, sanó leprosos, escuchó y sanó a Bartimeo, se acercó y sanó al paralítico de Bethesda, no tuvo en menos a María Magdalena, y hasta tuvo compasión de la mujer a la que todos pretendían apedrear.

Y aquí hemos topado con la palabra “mágica”… ¡COMPASIÓN!

Hay algo que me molesta de un modo muy poderoso, y es el comportamiento un tanto sectario y de gueto, en el que muchos se sienten muy seguros y demasiado a gusto.

Del mismo modo, me enerva el referirse a las personas no pertenecientes a nuestras iglesias como… “Los del mundo” y en un tono un tanto despectivo.

Con esto no quiero decir que nos comportemos como las personas que no conocen al Señor ¡Para nada! Nuestro comportamiento, modo de hablar y demás, deben ser como lo que somos, hijos de Dios, hijos del Rey de reyes; pero también debemos de imitarle en su modo de actuar, cuando queremos llevar almas a Sus pies.

El mismo Jesús le rogaba al Padre: “No te pido que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” ( Jn. 17: 15 )

Primero viene el estar en el mundo, después vienen el amor y la compasión por los perdidos; esto tiene que continuar con un clamor profundo del alma en oración, y termina con el compartir el precioso Evangelio de amor.

En palabras hermosísimas de George Herbert: “Hay mucha predicación en esta amistad…”

¿Cómo estamos pescando?.... ¿Dónde no hay peces?.... ¿Predicándonos a nosotros mismos, o a los bancos vacíos?. Todo esto me parece absolutamente incorrecto, lleva consigo muy poca dosis de amor, y lleva una dosis muy alta de endogamia que no conduce a nada bueno.

No hace mucho leí algo que me pareció encantador y muy ilustrativo, lo comparto con todos vosotros: “No digas nunca que no sirves, para Dios todos sirven (aunque no todos para lo mismo). Si Dios pudo usar un simple gallo para recuperar a un misionero como Pedro, también puede usarte a ti.

 
Sigue sencillamente las 7 reglas del gallo:

1- El gallo se levanta temprano e inmediatamente emprende su tarea (que Dios le ha confiado).

2- El gallo no se niega a cantar porque existan ruiseñores. Hace lo que puede, lo mejor que sabe.

3- El gallo sigue cantando aunque nadie lo anime ni se lo agradezca. En realidad, no espera que nadie lo haga.

4- El gallo despierta a los que duermen. Su tarea es impopular, pero necesaria.

5- El gallo proclama buenas noticias: Acaba de amanecer. Ante ti tienes por estrenar un nuevo día, lleno de magníficas oportunidades.

6- El gallo es fiel cumplidor de su tarea. Se puede contar con él. No falla nunca. Es un excelente centinela.

7- El gallo nunca se queja de tener que hacer siempre lo mismo, de que nadie le felicite o de que a nadie le importe.


Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Colosenses 3:23”

Sé bien que no está precisamente relacionado de un modo específico con la tarea de evangelizar, pero tiene mucho que ver, y realmente me parece muy bueno.

Llevar el mensaje del Evangelio, requiere la tarea del gallo y mucho más, el amor y la compasión en la que hemos estado insistiendo, nacidas de un corazón que ha sido pecador, perdido y sin esperanza, y por el que alguien tuvo el suficiente amor, como para ir a donde fuera, salir de algo así como mirarse para el ombligo y sentirse satisfecho, y echar la caña de pescar en el lugar correcto.

Me da lo mismo pescar que comportarme como un gallo, lo que quiero es llevar la vida que mi Señor me dio, a todos los que la necesitan.

¡Qué Dios nos ayude a comportarnos…”Como es digno del Evangelio” y a ser dignos embajadores del Reino e imitadores de Cristo Jesús.

“Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” ( 2ª Cor. 5: 20). (Autora: Beatriz Garrido/Protestante Digital).

 

24/10/17
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