Consejo para compositores de canciones cristianas

McLaren reconoce la excelencia de la música actual, pero lamenta que esta música acompañe letras pobres construidas de frases trilladas y con un lenguaje plástico e intrascendente.
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Brian McLaren, uno de los más connotados pastores de la llamada iglesia emergente, ha publicado en su blog personal lo que él ha titulado “Carta abierta a los escritores de música de adoración”.

Se trata de un perspicaz manifiesto que les dice a los compositores de canciones cristianas que el tiempo en que la teología era hecha por eruditos, y se expresaba en libros y conferencias, ha quedado en el pasado.

Por lo que entiende que los teólogos tendrán que dejar la biblioteca más frecuentemente y mezclarse con el resto de gente.

Ante esta realidad nos invita a que nos tomemos de las manos con poetas, músicos, cineastas, actores, arquitectos, diseñadores paisajistas, bailarines, escultores, pintores, novelistas, fotógrafos, diseñadores... “no sólo para comunicar una teología posmoderna y cristiana... sino también para discernirla y descubrirla”.

Lamenta que las letras de las canciones que producimos sean tan embarazosamente personalistas y abrigadas por una intimidad tan personal con Dios que las convierte en una recitación fría, rígida y abstracta.

Subraya en esas canciones palabras como: “Jesús me perdona, me abraza, me hace sentir su presencia, me fortalece, me sostiene cerca, me toca, me revive”, todo cual es aceptable, pero su limitado territorio lírico/espiritual revelan una religiosidad egoísta y cerrada.

McLaren en su carta nos invita a buscar un mejor equilibrio y se toma el riesgo de sugerirnos, de la mano de teólogos de la esperanza como Walter Brueggeman y Jurgen Moltmann, a trabajar temas escatológicos que nos muevan hacia una visión bíblica del futuro de Dios, hacia un nuevo universo signado por la esperanza, “porque las personas necesitan esperanza, necesitan una visión de un buen futuro.

Necesitan tener en su imaginación imágenes de la celebración, la paz, la justicia y la integridad hacia los cuales nuestro mundo sombrío, conflictuado, contaminado y fragmentado debe moverse”.

Más que sugerir, McLaren les grita a los compositores inspirarse en los pasajes bíblicos que abordan la escatología para proclamar en canciones la llegada del reino de Dios, la voluntad de Dios hecha en la tierra como en el cielo.

“Métanse en esos pasajes, escritores de canciones... y dejen que su corazón sea inspirado para escribir canciones de esperanza, canciones de visión, canciones que alojen en nuestros corazones un sueño de un futuro que ha sido olvidado por demasiado tiempo...”.

La misión, es otro de los temas que sugiere McLaren en su carta.

La misión de la iglesia en sus imágenes más reales y bíblicas, y no como se ha presentado desde la mentalidad posmoderna consumista, dominada por los términos “conmigo”, “yo y yo”, olvidando que Jesús vino no para ser servido sino para servir... y, así como Él fue enviado, nos envió a nosotros al mundo.

Diferente, señala McLaren, es la imagen de la iglesia como comunidad apostólica, enviada al mundo como las manos, los pies, los ojos, la sonrisa y el corazón de Cristo.

“Necesitamos canciones que celebren esta dimensión misional. ¡Buenas canciones, y muchas!”. Para inspirarnos en estos temas McLaren nos sugiere volver a la Biblia y leer a los profetas y los evangelios, identificándonos con su corazón por los pobres, los necesitados, los quebrantados.

McLaren cree que en esta era moderna hemos carecido de una buena teología de la creación, por lo que necesitamos escritores de canciones/artistas y teólogos que se unan en la cultura emergente para celebrar a Dios como Dios de la creación.

“El Dios que conoce los gorriones que caen, cuya gloria aun resplandece en el relámpago, cuya bondad aun cae como el rocío de la mañana, cuyos misterios siguen reflejándose en las profundidades del océano y en la vasta extensión del cielo nocturno”.

Pero aún más, considera que necesitamos canciones de lamento porque la Biblia está llena de canciones que lloran, “canciones que sienten la agonizante distancia entre lo que esperamos y lo que tenemos, entre lo que podríamos ser y lo que somos, entre lo que creemos y lo que vemos y sentimos”.

Este profeta posmoderno piensa que a veces nos sentimos estar demasiado felices; pero, “la única forma de volvernos más felices es volvernos más tristes, sintiendo el dolor de los enfermos crónicos, los desesperadamente pobres, los enfermos mentales, los solitarios, los viejos y los olvidados, las minorías oprimidas, la viuda y el huérfano”.

Por lo que entiende que este dolor debería abrirse camino en el canto, y estos cantos deberían abrirse camino en nuestras iglesias. “Lo amargo hará más dulce lo dulce; sin lo amargo, lo dulce puede volverse empalagoso, y demasiadas de nuestras iglesias se parecen a Disneylandia”.

Finalmente McLaren reconoce la excelencia de la música actual, pero lamenta que esta música acompañe letras pobres construidas de frases trilladas y con un lenguaje plástico e intrascendente.

Por esto le sugiere a nuestros compositores de letras comenzar a leer buena poesía, buena prosa, para que, mejor familiarizados con los recursos del idioma, puedan lograr la gracia de una frase bien trabajada, con un estilo limpio y reluciente (Autor: Tomás Gómez Bueno/Protestante Digital).

 


05/02/17
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