#Bruselas, en estado de sitio tras explosiones

El tráfico insoportable de la capital belga dejó paso a un silencio gris e inquietante.
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La tanquetas militares vuelven a tomar posiciones ante el Parlamento Europeo. Jordi Sebastià, europarlamentario por Compromís, puede contemplar el "asedio"' casi desde la ventana de casa, después de haberlo vivido desde dentro.

 

El yugo sobre Bruselas, la inevitable "militarización" de la capital belga forma ya parte del paisaje urbano desde los atentados de París, cuando se impuso el primer "cerrojazo".

"Lo que nos temíamos ha llegado", anunció severamente el primer ministro Charles Michel ante las cámaras de televisión en la hora más crítica, vivida a primer hora de la mañana. "Hay muchos muertos, muchos heridos".

En medio del caos inicial, con el suelo aún temblando por la explosión en la estación de metro de Maelbeek (a cien metros de la Comisión Europea), Jordi Sebastià llegó a pie al Parlamento para comprobar al menos que sus compañeros y conocidos estaban a salvo.

 

"Estamos bien, pero el impacto ha sido brutal en todos nosotros. Esto ha sido una matanza. Las autoridades habían alertado de la posibilidad de atentados en venganza por la detención de Salah Abdeslam, pero la verdad es que la gente se había relajado y estaba ya pensando en las vacaciones. Nos ha pillado a tración".

Jordi se quedó en Bruselas un día más para presentar un libro que ha traducido del portugués al catalán.

 

Pero todos los planes saltaron por los aire tras la máxima alerta terrorista (nivel cuatro) y el "cerrojazo" impuesto en la ciudad, aislada durante varias horas de Europa, convertida en una isla fortificada mientras el IS reivindicara los atentados y se confirmaba que una tercera bomba no hizo explosión en el aeropuerto de Zaventem, donde hubo "escenas de guerra" según varios testigos.

"En la televisión nos dicen que no salgamos de casa. Han cerrado los aeropuertos y las estaciones. Apenas circulan autobuses y trenes. El Parlamento y la Comisión han cerrado a cal y canto. No sabemos cómo ni cuándo podremos salir", apuntan viandantes.

Bruselas quedó en suspenso durante varias horas. El tráfico insoportable de la capital belga dejó paso a un silencio gris e inquietante, roto tan sólo por las sirenas de las ambulancias y vigilado por soldados con fusiles de asalto.

Andrew Carroll, norteamericano y funcionario de la embajada japonesa, salía por la escaleras mecánicas de la estación de Maelbeek cuando escuchó la potentísima explosión a sus espaldas, seguida de una ráfaga de aire caliente.

"La escalera se paró, se apagaron las luces y todos salimos corriendo entre gritos. Las aceras estaban llenas de cristales rotos. Salimos en estampida hasta el pub Wild Geese, donde la gente que salía asustada de las oficinas nos preguntaba si sabíamos lo que había pasado.

 

"Tardé varias horas en asimilarlo; creo que me salvé por poco".

La masacre en la estación de metro, con 20 muertos y un largo centenar de heridos, trajo hasta el corazón de la capital la tragedia que una hora antes había convertido el aeropuerto de Zaventem en un campo de batalla.

El francés Marc Noel vivió para contarlo, gracias a la fortuita decisión de pararse a comprar unas revistas: "Me dirigía a la zona de equipajes y me detuve unos minutos, lo justo para evitar que me pillaran de cerca las dos explosiones.

 

"Todo se llenó de cristales rotos. La gente salió corriendo y ensagrentada. Aquello parecía una escena de guerra". (elmundo.es).


22/03/16
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