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Alcalde entregará llaves de Guadalupe N.L. a Jesucristo

Es un hecho sin precedentes que encabezará el alcalde César Garza Villarreal y que está atrayendo a cristianos de otras ciudades.
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Guadalupe, N.L.- En un acto sin precedentes en esta Ciudad, y muy probablemente en todo México, la autoridad terrenal, en reconocimiento y honra a la Autoridad Divina, llevará a cabo un poderoso acto profético donde el alcalde César Garza Villarreal entregará las llaves de Guadalupe, Nuevo León, al Señor Jesucristo.

 

La invitación para que asistan todos aquellos que quieran ser testigos de este trascendental acto es para este 8 de diciembre a las 18:00 horas en la Expo Guadalupe.

 

Este anuncio fue dado a conocer luego de que el pasado sábado el propio alcalde participó con integrantes de diversas iglesias en una caminata denominada "Únete a la Conquista", donde subieron al monte en la Colonia Bosques de la Pastora para tener un tiempo de adoración y clamor.

 

Las llaves de Guadalupe, Nuevo León, le serán entregadas sombólicamente a Jesucristo también después de que hace apenas unos días el prestigiado periódico El Norte, de Monterrey, publicó un reportaje que muestra cómo, después del pase de lista en la madrugada, elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de esta Ciudad se reúnen para orar y cantarle a Dios antes de salir a las calles a enfrentar a la delincuencia.

 

A continuación te mostramos nuevamente el artículo publicado por el periódico El Norte, mismo que ya habíamos incluido en nuestras páginas desde que salió a la luz pública.

 

 

 

 

Monterrey, México.- El pase de lista está en marcha esa mañana fría en el patio de la Secretaría de Seguridad Pública de Guadalupe, una amplia explanada al frente del edificio, que luce rodeado por una barda recién construida y en cuyos accesos, a manera de barricadas, hay costales pintados de verde, unos sobre otros, rellenos de concreto.

 

Si se quiere saber lo que es aquí la guerra contra el narco, basta ver las instalaciones de esta corporación. Son las seis de la mañana y el director de la Policía, el Sargento Florencio Santos, dirige el ordenamiento al que llegan corriendo oficiales a los que se les hizo tarde.

 

Santos tiene 45 años, es pequeño, de voz recia, gafas ámbar sujetas con un cordón al cuello y un chaleco antibalas en el que sobresalen teléfonos, radios y la calibre 9mm. El parte de guerra nocturno es escueto: un par de vehículos oficiales averiados, robo a una casa sola al momento del saqueo, un marido violento, varios faltistas entre las filas.

 

Durante el día anterior la cosa fue más movida: la casa de uno al que días antes quisieron ejecutar, asesinando a su madre, fue tiroteada, quizá por los mismos delincuentes. Nada qué ver con lo que la corporación vivió a partir de abril del 2011, cuando llegó a la Secretaría de Seguridad Pública el Coronel Enrique Sanmiguel.

 

Como buena parte del Área Metropolitana, quizá más, Guadalupe estaba tomada por la delincuencia. En cuestión de días, Sanmiguel y Santos diseñaron estrategias y salieron a las calles a combatir al narcotráfico, enfrentando incluso a elementos de sus propias filas que, al tiempo, huyeron o fueron arrestados.

 

Si alguien sabe lo que es la traición son Sanmiguel y Santos, quienes poco a poco fueron incorporando a ex militares, que hoy son casi el total de los 257 elementos de reacción a su cargo y que están dentro de los mil 229 oficiales tanto de Policía preventiva como de combate y tránsitos destacamentados en el municipio.

 

"Había un ambiente muy tenso cuando llegué, los policías estaban completamente echados a perder, a favor de los malos, de los Zetas principalmente. Había balaceras todos los días", recuerda Sanmiguel, quien a su arribo se quedó sin ocho de los 10 mandos de la Policía local, que pusieron tierra de por medio.

 

Conocían la fama de Sanmiguel desde su estadía como jefe policiaco en Cancún: duro e incorruptible. Hoy, tras una época de cruentos combates, que debieron sostener con el parque literalmente contado y que dio por saldo 15 oficiales asesinados (entonces hasta les arrojaban cuerpos desmembrados y decapitados de policías cerca de la corporación), Guadalupe vive mejores días.

 

Alto, robusto, de ojeras amplias y mirada fría por no decir siniestra, el Coronel contempla silencioso el pase de lista. Lo acompaña el Alcalde César Garza, visiblemente desmañanado, bigotón y de mirada nerviosa, a quien Sanmiguel conduce a la galería de los compañeros caídos.

 

"A estos tres los quemaron, a ella la mataron de un disparo en la nuca... uno de sus propios compañeros", dirá después, demudado, al señalar rostros en el espacio ubicado a un lado de la austera recepción del cuartel. La revisión esa mañana es breve. Los oficiales, mujeres algunas, pocas, hacen flanco derecho y rompen filas, pero en vez de abordar sus vehículos para iniciar su jornada suben al primer piso y se acomodan apretujados en un pequeño salón.

 

Al frente no se colocan ni el Alcalde ni Sanmiguel, sino Salatiel Vázquez, pastor regiomontano de 35 años perteneciente a la Familia Cristiana Príncipe de Paz, quien entre acordes de bajo y teclado eléctrico da la bienvenida a los policías, mientras en una pantalla empiezan a proyectarse frases de alabanzas que todos cantan:

 

"Con una corona de espinas te hiciste rey por siempre" y "Te doy gloria, gloria, te doy gloria, gloria, te doy gloria, gloria a ti Jesús". Es conmovedor ver a estos hombre armados, en otro momento llenos de bravura, algunos con el cansancio en el rostro, entonar cánticos religiosos con los ojos cerrados y las palmas en lo alto o en el pecho.

 

Después de leer versículos de Jeremías 1.4, el profeta que de acuerdo a las Escrituras llamó al arrepentimiento al reino de Judá, Salatiel comparte: nada se mueve sin la voluntad de Dios y Dios está con esta Policía de la que están hablando en otros lugares. Enfatiza que Dios derribará los planes del enemigo, por lo que ellos, los policías, no serán estadística, ya que están convencidos, "como dice el Coronel", de que la hierba mala debe ser arrancada para en su lugar dejar semillas.

 

"¡No tengan temor al qué dirán!", exhorta Salatiel en lo que se refiere a su fe y, en cada arenga, algunos elevan las manos, exclaman "¡sí!" y asienten con la cabeza. Otros lloran. Salatiel llegó por invitación de Santos. Meses antes de la llegada de los militares retirados a Guadalupe, el pastor cuenta que soñó que él se hallaba delante de un montón de uniformados hincados en un patio y con los brazos extendidos.

 

"Es un poco místico lo que te cuento, lo sé, pero así sucedió", afirma Salatiel. "Un día llegó Santos a nuestra iglesia y derramó lágrimas. Ya para entonces lo habían intentado matar dos veces y sus vehículos blindados quedaron destruidos". Tras aquel encuentro, el primer sábado de septiembre del 2011, Salatiel, su esposa, Claudia, y otros compañeros de su iglesia cristiana se encontraban frente a los policías de Guadalupe.

 

"El sueño se hizo realidad gracias a Dios", advierte el Pastor. Sanmiguel suele contar que a partir de abril y a manera de "chalanes", él, Santos y los cada vez más numerosos ex militares comenzaron a limpiar el terreno, arrancando de raíz lo podrido. Cada día eran tres o cuatro enfrentamientos. Duros. Luego, llegó la iglesia de Salatiel a dar desayunos y a brindar apoyo espiritual, lo que se ha extendido hasta la fecha.

 

"Hay algo especial de Dios en esta corporación", musita el Pastor esa mañana ante los policías y agrega convencido que muchos pelearán contra ellos, pero que no los vencerán. Por Dios. Para ese momento, por las mejillas del duro Coronel Sanmiguel corren algunas lágrimas y sus ojos están enrojecidos. fuentes: elnorte.com, Familia Cristiana Príncipe de Paz. 

 

 

 


04/12/12
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