Adolescente "violada por 110 hombres en 22 horas"

Una joven inglesa narra el calvario que sufrió tras ser vendida como esclava sexual y cómo logró salir de una red de trata de mujeres.
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La terrible historia de Megan Stephens, el nombre ficticio de esta joven que vivió un infierno presa de la trata de mujeres, ha conmocionado al Reino Unido.

 

Su libro titulado Comprada y vendida, relata su traumática vida cuando cayó en las redes de la prostitución siendo aún una adolescente.

 

La tragedia que vivió esta joven, que en la actualidad tiene 25 años, comenzó en unas vacaciones en las que viajó con su madre a Grecia, según recoge Dailymail.

 

La mala suerte se había cruzado antes ya en el camino de su vida, cuando sus padres se separaron al poco de que ella cumpliese los cuatro años y su madre comenzó a tener problemas con la bebida.

 

En ese viaje a Grecia, teniendo Megan 14 años, conoció a un joven mayor que ella y se enamoró de él. Ahora, en su libro narra cómo vio en él una persona que le dio cariño, algo que le faltaba por su delicada situación familiar.

 

"Estaba desesperada por ser querida", afirma. Mientras ella vivía la ilusión del primer amor su madre también comenzó una relación con el dueño de un bar griego, por lo que prolongaron un tiempo más sus vacaciones.

 

Finalmente su madre tuvo que volver a Reino Unido, pero la menor logró convencerla de que le diese permiso para quedarse allí con su novio, Jak, y buscar un trabajo de camarera.

 

Cuando pensaba que podría tener una vida feliz junto a su pareja, sus sueños empezaron a convertirse en auténticas pesadillas. Jak le contó que su madre tenía cáncer y no podía pagar las facturas del médico, por lo que ella sintió una enorme pena y logró convencerla para que trabajase de bailarina en un bar.

 

"Odié cada minuto de cada noche que bailé en aquel bar", recuerda Megan, pero "me sentía como una especie de heroína por ayudar a salvar la vida de su madre". Poco después Jak la llevó a un bar y le presentó a un hombre, León, al que se refirió como "su nuevo jefe".

 

A partir de ahí la obligaron a prostituirse. "El dolor era insoportable, pero estaba demasiado traumatizada incluso para llorar", relata sobre la primera vez que fue obligada a acostarse con un cliente, que le pagó 50 libras.

 

Destrozada llegó junto a su novio y tras contarle lo que había sucedido él le pidió disculpas y le prometió que esa situación no duraría mucho, solamente hasta que tuviesen dinero para formar una familia y comprarse un coche y una casa.

 

Tras ese episodio él comenzó a maltratarla y le impidió que contase lo que le estaba ocurriendo a su familia en Reino Unido. "Creía que lo que había pasado había sido por mi culpa", recuerda, metida en una relación tóxica y de dependencia.

 

Megan se quedó embarazada pocos meses después, cuando era obligada a prostituirse por su pareja y su proxeneta.

 

Cuando Jak se enteró le pegó y le provocó un aborto. Tras seis meses de esclavizada sexualmente y sometida a malos tratos y vejaciones continuas, Megan fue vendida a otro proxeneta, de nombre Elek y de origen albanés.

 

Y ahí sus condiciones de vida empeoraron. La obligó a trabajar en un burdel y la primera noche que pasó allí se acostó con más de 50 clientes, que pagaban unas 20 libras por cinco minutos con ella. Su situación no mejoró y fue pasando de burdel en burdel.

 

En una ocasión recuerda que tuvo relaciones sexuales "con 110 hombres en 22 horas", tras lo que cayó enferma. De nuevo fue vendida a otro proxeneta y mientras tanto, hablaba con su madre por teléfono fingiendo que trabajaba de camarera y que era feliz.

 

Después de seis años en el infierno de la trata de mujeres, Megan no pudo soportarlo más e intentó suicidarse, con solo 20 años. Y lo que parecía ser su fin significó su salvación.

 

Estuvo tres meses ingresada en el hospital, las enfermeras lograron ganarse su confianza y la pusieron en contacto con su madre. Pero la vida aún tenía reservado un nuevo revés para Megan.

 

Al volver a Reino Unido no logró afianzar su relación con su madre, cargada de reproches, y se refugió en el alcohol. Aún no sabe muy bien cómo, logró desengancharse del alcohol y gracias a la terapia fue superando sus traumas.

 

 

AÚN CON MIEDO

 

No ha desvelado su identidad porque todavía teme las represalias de sus proxenetas. De hecho Jak ha intentado ponerse en contacto con ella en varias ocasiones.

 

"Me he dado cuenta que estaba tan débil emocionalmente que era imposible salir de esa situación", explica. "Cuando crees que no eres nada, ni siquiera crees que tienes la posibilidad de tener opciones de nada", confiesa.

 

Ahora planea crear una asociación para ayudar a otras víctimas de la trata de mujeres. Aún atemorizada por todo lo que sufrió no se ve capacitada para denunciar el calvario que pasó ya que teme el poder que tienen estas redes de tráfico de mujeres (Daily Mail, Protestante Digital).


22/01/16
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